Living labs y ecosistemas tecno-culturales para la innovación centrada en los usuarios

EcosystemModel

Introducción

Aquí estamos hablando de la dificultad de manejar los procesos de innovación y de un tipo de solución: la de los modelos de innovación abierta y centrados en la gente, basados en la metodología de los living labs, y que requieren la creación de ecosistemas tecno-culturales. La innovación abierta tiene sentido en la medida en que democratiza la innovación (ver el trabajo de von Hippel), en que fomenta los procesos de innovación centrados en o dirigidos por los usuarios (ver el trabajo de Eskelinen, García, Lindy, Marsh y Muente-Kunigami), y aplica la metodología de los living labs. Un ecosistema tecno-cultural es un conjunto de elementos relacionados que cooperan para crear un determinado dinamismo. En este artículo se presenta un modelo de ecosistema tecno-cultural basado en el modelo de living labs desde la perspectiva de la innovación abierta y centrada en los usuarios. ¿Qué hay que tener en cuenta para crear un ecosistema tecno-cultural de estas características?

La idea del proyecto, los socios y el proyecto

En estos ecosistemas hay una motivación y una propuesta de cambio (léase una idea de proyecto basada en una necesidad u oportunidad, y un proyecto respaldado por un grupo de socios) El diseño del grupo de socios debe ser estratégico (es decir, debe haber una razón convincente para la presencia de cada socio) y, en consecuencia, debería tener en cuenta los distintos elementos del ecosistema que se quiere crear y dinamizar para poder repartir las responsabilidades y tareas de un modo razonable. Una manera de diseñar el grupo de socios es a partir del modelo de la cuádruple hélice (léase: cómo hacer para que administraciones, empresas, académicos, asociaciones y ciudadanos cooperen con mayor facilidad) Es decir, en el grupo de socios debería haber representantes de los distintos sectores institucionales para asegurar la conexión entre los distintos agentes que intervienen en los procesos de cambio: los que defienden los intereses públicos, los intereses privados, los intereses académicos, los intereses sociales y los personales.

El living lab, la tecnología y la comunidad de usuarios 

(Léase el espacio de I+D en el que se encuentran la tecnología, la sociedad y la cultura para lograr que la innovación sea una innovación centrada en los usuarios)

La sociedad industrial ponía su atención en los sistemas de producción. La sociedad del conocimiento ha desplazado esta atención a los sistemas de investigación, las actividades creativas y otros servicios. De ahí que el espacio de Investigación y desarrollo (I+D; léase todo tipo de investigación fundamental o aplicada sea científica, tecnológica, social o cultural-humanista) sea el espacio que debe tomarse como referencia para el diseño de este tipo de ecosistemas tecno-culturales. Hay mucha literatura sobre los livings labs, sin embargo, baste decir que en un living lab siempre debemos atender dos grandes necesidades: la tecnológica y la cultural. En la parte operativa de un living lab se encuentran los ingenieros o los científicos con las personas y los usuarios. Para hacer la conexión entre ambos intervienen los diseñadores y los científicos sociales prácticos, también los investigadores de mercado. Lo que hacen estos perfiles en un living lab es investigar, crear y probar con la ayuda de usuarios. Con esto se consigue enriquecer las ideas, los conceptos, los diseños y los prototipos y mejorar su funcionalidad (la funcione técnicamente) y su usabilidad (que sea fácil de usar). 

Pero, para poder investigar, crear, probar y validar con la ayuda de usuarios, un living lab necesita crear y dinamizar una comunidad de usuarios. De ahí la doble cara de los living labs: la tecnológica orientada a la I+D del producto, servicio, plataforma, app con el que se quiere innovar, y la socio-cultural (la comunidad de usuarios) que formará una asociación de personas interesadas en un determinado tema y participará en las tareas de socialización y adaptación de este producto a las necesidades del mercado o la sociedad. 

Pero, para que esta comunidad esté disponible, habrá que diseñarla, motivarla y dinamizarla. Diseñarla significa combinar las necesidades del proyecto con las necesidades de las personas dispuestas a participar en esta comunidad. Motivarla significa ofrecerle algo (por ejemplo, información y actividades, contactos, e incluso remuneración económica). El tipo de información y actividades dependerá del tipo de living lab específico que necesitemos (por ejemplo para transformar el espacio urbano, disminuir el consumo de energía, cambiar determinados hábitos culturales o las maneras de interaccionar en la sociedad, innovar en las plataformas de gestión de turismo, adaptar la industria del automóvil al mundo digital, etc.) Y estas comunidades de usuarios estará formadas por personas interesadas, implicadas y motivadas en estos tópicos específicos. 

La innovación

La innovación es el resultado de la actividad llevada a caba en el living lab es un producto, servicio, plataforma, app que antes no existía. A esto le llamamos una innovación. Esta innovación será social o comercial, o será tecnológica o cultural dependiendo del proyecto. Se ha hablado tanto de la innovación que aquí ya no le daremos más vueltas. Más sobre innovación a partir de los trabajos de Benoit Godin

La organización para el uso y consumo de la innovación

La innovación tiene un doble-doble propósito. Por un lado, o se lleva a cabo para competir en el mercado o para contribuir a la cohesión y a la justicia social (léase, su propósito cuando trabajamos desde el eje socio-económico). Y, por el otro, o se lleva a cabo para introducir más tecnología o para proporcionar nuevas experiencias a los usuarios a partir de los usos de los productos y servicios innovadores (léase, su propósito cuando trabajamos desde el eje tecno-cultural). En cualquiera de ambos dobles propósitos siempre necesitaremos una organización que se encargue de producir y difundir la innovación en el mercado o en la sociedad. Estas organizaciones serán empresas, asociaciones, administraciones, academias y centros de investigación que funcionarán como organizaciones (léase lo necesario para hacer llegar la innovación al destino para el que ha sido creado) y como instituciones (léase el proyecto de la organización, el trabajo que genera y lo que representa para la gente de la organización y la vinculada a ella)

En este sentido, la organización es la encargada de generar trabajo, generar consumo y de hacer sostenible el proyecto a través de ingresos comerciales, sociales o culturales (léase: capital económico, capital social y capital cultural; por ejemplo: dinero y similares, contactos e interacciones, y contenidos y experiencias). La habilidad y originalidad para manejar el equilibrio y la transformación de estos tres capitales será clave para garantizar la sostenibilidad del proyecto.

La plataforma

Internet y las TIC están en la base de la transformación del orden de una sociedad industrial al orden de una sociedad mediatizada por las tecnologías en un mundo globalizado. Para la creación de un ecosistema tecno-cultural es necesaria una plataforma que tenga por lo menos un triple uso: para investigar y desarrollar, para organizar una comunidad de usuarios, y para gestionar una organización y comerciar. Para que estas plataformas resulten satisfactorias deben organizarse teniendo en cuenta esta triple dimensión. 

La primera es el grupo de funcionalidades dedicadas a la investigación. La plataforma debe dar soporte a la organización y gestión de la I+D del proyecto. Debe servir para poder informar (léase la web en la que se explica el proyecto y el sentido del living lab) y, especialmente, para trabajar en el proyecto de innovación y transformar las ideas en cosas (léase la creación y gestión del conocimiento generado en el living lab durante la I+D)

La segunda es el grupo de funcionalidades dedicadas a la creación, dinamización y gestión de la comunidad de usuarios. Debe servir para poder informar (léase la web en la que se habla del tema para el que se convoca a los usuarios, por ejemplo, un living lab social para la prevención del terrorismo), y, especialmente, para crear un vínculo, un identidad y una predisposición a la colaboración con la investigación (léase, por ejemplo, un blog, unos foros y un programa de actividades entre las que se incluyen las tareas de I+D objeto del proyecto; es decir, que proporcione contenidos y experiencias a sus participantes)

La tercera es el grupo de funcionalidades dedicadas a la organización. Debe tener una triple vertiente: Debe servir para poder informar (léase, por ejemplo, la web corporativa), para comercializar (por ejemplo, incluir aplicaciones de eCommerce), y para obtener una doble información: 1) la del rastro que dejan los usuarios en su transito por la web corporativa, durante sus procesos de compra y su resonancia en las redes sociales y 2) el rastro de los flujos de información de los procesos internos de la organización.

Pero, además,  y dado que detrás de la creación de este ecosistema tecno-cultural hay un proyecto y un grupo promotor que tiene unos determinados conocimientos e intereses, la plataforma debe servir a un cuarto propósito, el de poder manejar el conjunto del ecosistema tecno-cultural para retroalimentar el proyecto y servir de base para la creación de nuevos proyectos.

En resumen

El modelo de innovación basada en living labs tiene su complejidad pero es una manera de asegurar la sostenibilidad de los proyectos de innovación. Requiere:

  • un proyecto que integre la cuádruple hélice desde una perspectiva de innovación abierta y de Innovación Centrada en las Personas, 
  • un living lab para hacer I+D, 
  • una comunidad de usuarios para socializar la futura innovación antes de que salga al mercado o se introduzca en la sociedad, 
  • una organización que se ocupe de la innovación y 
  • una plataforma integrada que sirva 1.1.) al living lab y sus actividades, 1.2) a la comunidad y a sus actividades, 1.3) a la organización y a sus actividades, y 2) al proyecto y a sus actividades.

En este modelo lo importante es darse cuenta de que tenemos que manejar varias realidades en paralelo: 

  • la del proyecto
  • la del living lab
  • la de la comunidad
  • la de la organización
  • la del comercio, y
  • la de la plataforma tecnológica

Y, sobretodo, tener en cuenta que la realidad tecnológica es transversal a todas las demás realidades y que, por lo tanto, actúa en paralelo sobre los elementos del sistema (léase la gestión de cada una de las realidades dentro del ecosistema) y, a la vez, sobre el sistema como conjunto integrado (léase la gestión del ecosistema como meta-realidad)

¿Qué se puede hacer con un living lab? 

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A propósito de una conversación con Gemma, del Ayuntamiento de Gavà


¿Qué se puede hacer con un living lab?

Un living lab es un concepto, una metodología y un espacio relacionado con el mundo de la investigación que promueve una manera de hacer y de pensar el fenómeno de la innovación. Los living labs se emplean para añadir valor al proceso de innovación.

En su sentido original depende de tres condiciones fundamentales: 1) Tiene que ver con la estrategia (competitiva o solidaria) de la innovación abierta, 2) con la aproximación metodológica de la innovación (o el diseño) centrado en los usuarios, los ciudadanos o las personas, y 3) con la creación de un espacio de pensamiento y acción transversal que reúne a los distintos agentes que participan en un ecosistema socio-económico y tecno-cultural. Es decir, la expresión living lab va acompañada de una manera particular de entender y trabajar el fenómeno de la innovación: una innovación abierta, centrada en las personas, sistémica y transversal. Abierta para poder incluir a los usuarios y otros agentes en el proceso de investigación y diseño del producto o servicio, y sistémica y transversal para poder coordinar los intereses de los agentes implicados.


Abierta y con los usuarios ¿Por qué innovar de manera abierta y centrándose en las personas?

Originalmente, los living labs surgen en un momento en el que la oferta de productos supera la demanda y las empresas tienen que adaptar sus estrategias de mercado y empezar a competir en innovación y calidad de producto (situémonos en la década de los 70s y los 80s, el momento en el cual se empieza a hablar de una sociedad post-industrial y de la emergencia de la sociedad de la información). ‘Innovar’, aquí, significa la capacidad para ofrecer nuevos productos a la curiosidad del consumidor y ‘calidad del producto’ debe interpretarse como la posibilidad de satisfacer y fidelizar el consumidor a través de la reputación de un producto o marca. Pero, para innovar, hacen falta ideas y, para mejorar la calidad de un producto, se necesita información sobre la experiencia de sus usuarios que lo van a utilizar en sus circunstancias particulares. 

En ambos casos, algunas empresas se dan cuenta de que el tradicional secretismo inherente al mundo industrial y a su sistema de patentes necesita una revisión o, por lo menos, cierta flexibilidad o ‘apertura’. Mantener un producto en secreto hasta el momento de introducirlo en el mercado como había sido habitual en los momentos en los que la oferta era inferior a la demanda, resultaba demasiado arriesgado en un mercado donde los consumidores fácilmente podían elegir otros productos, los de la competencia. Por lo tanto, algunos exploraron de qué maneras podían disminuir los riesgos de fracaso de los productos en el mercado. Una de las soluciones que encontraron fue ‘abriendo’ un poco la investigación de producto (o servicio) a los potenciales consumidores, y renunciando un poco al genio de los inventores y diseñadores para adaptarlos a las necesidades reales de los consumidores. Este giro social en la estrategia de investigación de producto permitía socializar el nuevo producto antes de lanzarlo al mercado. En esta ecuación, si los usuarios o potenciales consumidores podían compartir sus experiencias con una idea, concepto, prototipo o diseño de un producto, los promotores del proyecto aún estarían a tiempo de corregir y re-diseñar el producto para que encajara mejor con los requerimientos del futuro mercado y, así, disminuir los riesgos de rechazo. De esta manera, al explorar las experiencias de los usuarios en el proceso de I+D del producto se podían detectar sus puntos débiles y se tenía tiempo de adaptar el producto teniendo en cuenta los usos reales en la relaciones cotidiana con los objetos o los servicios. A esto se le llamó innovación abierta (Open Innovation) e innovación (o diseño) centrado en los usuarios (o las personas) (People Centred Innovation, User Centred Desgin).

¿En qué pensamos cuando hablamos de emprendimiento?

Emprenedores

A propósito de un debate sobre la tipificación de la cultura emprendedora

Las narrativas sobre el emprendimiento llevan años popularizándose y parece que, en los momentos de crisis, es una solución a la dificultad de encontrar trabajo. Esta narrativa postula que el trabajo puede ser inventado. Pero ¿en qué se está pensando cuando se habla de emprendimiento

Se habla de emprendimiento [en los negocios] en general, y de emprendimiento científico, tecnológico, social o cultural en particular. En cualquier caso, el hilo conductor es siempre el mismo. Alguien, con alguna idea, toma la iniciativa de llevarla a cabo y convertirla en un bien que introduce en el mercado (la innovación científicos-tecnológica), en la sociedad (cuando se habla de innovación social) o en algún tipo de proceso organizativo. Pero fijémonos que, en ingeniería, a los innovadores se les llama inventores. En ciencia, descubridores. A los artistas y a los diseñadores se les supone la creatividad por lo tanto, a nadie sorprende que se les llame creadores. En política, a los innovadores se les llama líderes o revolucionarios. Y, en la sociedad, los innovadores reciben el nombre de líderes sociales, aunque, a la hora de la verdad, no queda demasiado clara la diferencia entre lo que debería ser un líder social y un líder político. ¿Acaso con la expresión líder social se pretende designar a aquellas personas que se implican más con la comunidad y la proximidad que los líderes políticos que piensan más en términos de sociedad o estado? Pero, entonces ¿qué sucede cuando, por alguna razón, el impacto del líder social vas más allá de la comunidad original y se convierte en un movimiento social, o el líder político dedica su esfuerzo a la política de proximidad? La discusión queda abierta. Por otro lado, desde los años 90 la universidad como sector institucional está predicando su compromiso con la tercera misión (la creación de riqueza) y habla de científicos que se convierten en empresarios y les ofrece espacios como los parques científicos y tecnológicos. En economía, la palabra que designa a este tipo de gente con iniciativa es emprendedores. Por lo tanto, debemos ser conscientes de que al emplear el término emprendedor estamos aceptando el trasfondo económico de esta actividad.

Dicho esto, y sabiendo que cuando hablamos de emprendimiento estamos manejando una concepción económica del mundo, resulta que cuando se habla de emprendimiento en distintos contextos (comercio, investigación, administración, comunidad, sociedad, industria, etc), el significado de la expresión no siempre es el mismo. Si nos aproximamos al término podremos distinguir varios significados. Por lo menos diez. Este post intenta contribuir a clarificar el campo semántico de este término:


1. Científicos emprendedores (o empresarios-científicos). Por ejemplo, aquél estudiante de doctorado que durante su investigación para acceder al grado de doctor crea una molécula cuyas propiedades tienen interés farmacéutico. Este investigador patenta su descubrimiento, crea una startup, se convierte en empresario (científico) y produce un producto que vende a una farmacéutica. Lo habitual es que esta persona y el equipo de trabajo que crea a su alrededor se ubique en los primeros años de su actividad económica en una incubadora en el parque científico de la universidad en la que ha estado investigando. Este perfil y este modelo se aplica tanto a la biología, como a la química a la física y otras ciencias. El descubrimiento puede ser un nuevo material, una nueva célula sintética o una nueva manera de manejar los fotones o aplicar los plasmas.

2. Emprendedores tecnológicos. Si los emprendedores científicos están asociados a las carreras de ciencias, los emprendedores tecnológicos lo están a las universidades politécnicas. Sus innovaciones son lenguajes de programación, aplicaciones y plataformas en el caso de las ingenierías de software o de nuevos productos electrónicos, como en el de las ingenierías de hardware. Sus formatos empresariales iniciales son las spinoffs . Ejemplos de spinoffs pueden ser empresas dedicadas a la robótica y a la inteligencia artificial. En este caso, su lugar también son los parques científicos y tecnológicos.


Sin embargo, no hay parques sociales, ni parques artístico-culturales, ni parques comerciales. Estas infraestructuras no existen desde la universidad aunque, en algunos casos, los parques científicos den cierto cobijo a algunas de ellas. Las infraestructuras hay que buscarlas en los espacios de co-working, en fábricas de creación, en centros de conocimientos, en telecentros o simplemente en polígonos industriales o bloques de oficinas comerciales.

Con la expresión emprendimiento social se identifican todas aquellas iniciativas que buscan un balance entre lo social y lo económico y, por lo tanto, su fin no es el lucro individual (o de un grupo inversor que busca la rentabilidad) sino la cohesión social y la calidad de vida. En el emprendimiento social, como en el mundo cooperativo, la empresa es el instrumento que utiliza la sociedad para financiar un proyecto de interés social. Sin embargo, dentro del mundo de la innovación social con frecuencia hallamos proyectos por lo menos de tres tipos:


3. Emprendedores solidarios. Este seria el tipo de emprendimiento social más genuino. Una persona o un grupo de personas se movilizan para dar respuestas a unas necesidades sociales de manera nueva. Por ejemplo, utilizando la red de Internet para generar y distribuir conocimiento y crear una comunidad que resuelva problemas sociales como la integración, el cuidado de personas mayores, la atención a los más necesitados, a las víctimas de la violencia doméstica, el acceso a la comida, a la energía, etc.

4. Emprendedores económicos con compromiso social. Estos emprendedores son una variante de la anterior con la salvedad de que su proyecto está orientado a obtener un lucro moderado o sostenible. En estos casos, el compromiso social es un valor que se añade al proyecto económico, y lo económico un valor que se añade a lo social. Es, pues, una iniciativa empresarial compartida con una iniciativa social y dirigida a un nuevo sector, el social. En los casos extremos, lo social se utiliza como argumento de venta o para fidelizar a una comunidad de consumidores. Por ejemplo en los productos de marca solidaria. Sin embargo, en general, la contraprestación social de la actividad económica es visible, por ejemplo en un proyecto de comedores solidarios de una cadena de restaurantes de lujo.

5. Emprendedores socioeconómicos. En este caso, los emprendedores son un grupo de comerciantes apoyados por algún tipo de asociación de comerciantes o por algún programa de promoción económica de las administraciones locales, regionales o de alguna política de clústers territoriales que generan entornos (o ecosistemas) de producción, trabajo y consumo, o de ONGs o asociaciones. Son iniciativas transversales que tratan de promocionar y dinamizar territorios o comunidades conscientes de que su prosperidad o sostenibilidad es el resultado de la harmonía entre sus recursos económicos y sociales. Por ejemplo, un plan de promoción turística de una comarca que implique rutas y actividades culturales con desplazamientos, alojamientos, gastronomía con productos locales, contando con los profesionales, la red de servicios y las industrias locales, o un proyecto de comercio justo con comunidades indígenas.


Otro subgrupo de emprendedores son los que tienen que ver com la industria y las empresas


6. Emprendedores de negocios. Se trata de personas o grupos inversores que emplean su capital con la perspectiva de rentabilizarlo. Invierten en bienes y servicios y esperan obtener algo con su esfuerzo. Estos grupos asumen los riesgos de su inversión aunque, a veces, lleguen a pactos con las instituciones locales para que les den determinadas garantías para consolidar el proyecto a cambio de generar empleo. De esta manera disminuyen sus riesgos a la vez que generan dinamismo económico en la zona en la que se ubican.

7. Emprendedor industriales. Como en el caso anterior, una persona o grupo invierte en algún tipo de tecnología. Por ejemplo, en la fabricación de impresoras en 3D y, a su alrededor crean un ecosistema de proveedores, comercializadores, distribuidores, comunicadores, formadores, etc. que inciden en la economía y prosperidad de un territorio. Estos emprendedores generalmente se ubican en polígonos industriales.


Y otro subgrupo de emprendedores aquellos que estan relacionados con el trabajo y la profesión


8. Funcionarios emprendedores. El fenómeno de la administración innovadora es relativamente nuevo. Surge en el contexto de las crisis, los recortes, la falta de liderazgo político (o confusión política), la presión social generada por las contradicciones entre las palabras y los hechos y de la responsabilidad de los funcionarios más inquietos y sensibles. A partir de ahí surgen movimientos dentro de la administración que tratan de optimizar los recursos, y de renovar procesos administrativos obsoletos o desfasados, innecesariamente complicados o penosos para el ciudadano al cual se supone que la administración está ofreciendo un servicio

9. Trabajadores emprendedores (imprendedor o intraemprendedor). El caso de los trabajadores emprendedores plantea una situación paradójica. Se da cuando los trabajadores son más conscientes de los cambios en el entorno que el propio empresario y son ellos quienes advierten al empresario de qué cosas deberían cambiar en la empresa. La narrativa del trabajador emprendedor surge de la narrativa del trabajador proactivo. Y, el trabajador proactivo, es la reacción de algunas organizaciones que han reducido la cadena de mando hasta tal extremo que sobre los trabajadores han recaído responsabilidades que anteriormente eran propias de los jefes a los que ahora han despedido. De esta manera, por decirlo en pocas palabras, se tienen trabajadores con iniciativa de cuadros medios y superiores pero a precio de trabajadores. En una empresa cooperativa esta manera de funcionar tiene un sentido distinto al de una empresa capitalista dado que la distancia salarial y el grado de implicación con la propiedad de la empresa es muy distinto. Es decir, no debe confundirse la democracia industrial y la participación en una empresa responsable con la explotación del capital social y cultural de los trabajadores.

10. Profesionales emprendedores. De alguna manera, los profesionales siempre han sido emprendedores. Los profesionales tienden a crear su propio negocio. Son autónomos o pequeñas empresas o redes de freelances que cooperan en proyectos comunes. Esto no significa que siempre hayan sido innovadores, aunque, la innovación continuamente ha sido para ellos un estímulo para diferenciarse de la competencia y ofrecer más por menos a sus usuarios o clientes.


Desde luego se pueden hacer otras tipificaciones del fenómeno del emprendimiento. Ánimo con ellas!

Seminario de Tecnoantropología y Cultura de la Innovación en el COLEF

Colef-2015

El pasado  21-22 y 23 de septiembre, tuvo lugar en el COLEF, en Tijuana, México, un seminario de Tecnoantropología y Cultura de la Innovación con el propósito de trabajar en la fundamentación teórica de la Tecnoantropología como especialidad. Al seminario asistieron,

  • Artur Serra (Fundación i2CAT, Barcelona)
  • Gerardo Sánchez-Romero (Mutua Social Research & Innovation, México)
  • Ian Corona (Semiósfera, México)
  • Iñaki Martin (Consultor independiente, San Sebastián)
  • Jordi Colobrans (Universidad de Barcelona y Livinglabing)
  • Max Matus (COLEF, Tijuana, México)
  • Maya Ninova (Consultora e investigadora, Barcelona)
  • Nora Morales (Universidad Autónoma Metropolitana, Cuajimalpa, México y Consultora)
  • Rodrigo Ramírez (COLEF, México DC)

Puede consultarse un resumen del seminario en http://iberoamericasocial.com/jornada-internacional-de-tecno-antropologia-en-mexico/ y seguir  las intervenciones en https://www.youtube.com/watch?v=vN9y2ol1auU

Tres Tecnoantropologías

A veces, cuando discutimos acerca de la Tecnoantropología y los tecno-antropólogos cuentan sus experiencias se mezclan distintos tipos de proyectos. Cada una tiene la sensación y el convencimiento de que lo que hace tiene que ver con esta especialidad. Sin duda debe ser así. ¿Hay manera de ordenar estos proyectos? Por ejemplo, si tuviéramos que escribir un libro sobre Tecnoantropología en cuantas partes lo podríamos dividir para dar cabida a todos los sentidos atribuidos a la Tecnoantropología? Yo distinguiría tres usos distintos de la expresión Tecnoantropología:

  1. Una Tecnoantropología dedicada al fomento de la cultura del conocimiento, de la cultura digital y a la creación de infraestructuras para la vida y el trabajo en la sociedad creativa.
  2. Una Tecnoantropología dedicada a las necesidades de los usuarios de la tecnología, la usabilidad de los diseños, y a conocer los usos sociales de los nuevos productos, plataformas, servicios y aplicaciones
  3. Una Tecnoantropología académica

1) La Tecnoantropología dedicada al fomento de la cultura del conocimiento y de la cultura digital. Esta tiene que ver con todas aquellas iniciativas que promueven la actividad en un mundo que cada vez se digitaliza más. Esta Tecno-Antropología diseña, desarrolla y dinamiza infraestructuras y espacios de innovación muy a menudo con la ayuda de la administración pública. Por ejemplo, en la creación de redes de telecentros, o de espacios de difusión, interacción y usos de nuevas tecnologías como en el del citilab de Cornellà y otros living labs en Catalunya, España, Europa o el mundo. Estas infraestructuras, además de la difusión de la cultura de la innovación, fomentan la creación de comunidades de usuarios que luego puede aparecer participando en proyectos de I+D públicos, privados o público-privados.

2) La Tecnoantropología dedicada a las necesidades de los usuarios de la tecnología engloba lo que se conoce como User Experience Research y se dedica a explorar la usabilidad de productos, servicios, aplicaciones y plataformas. Esta Tecnoantropología a identificar necesidades, u oportunidades, requerimientos de uso, y propuestas, o deseos, de los usuarios. En los proyectos de Investigación, Desarrollo e innovación (I+D+i) participa en las fases de ideación y conceptualización, de diseño y de pruebas con los prototipos. Una vez el producto ha sido lanzado al mercado, también investiga el mercado para conocer los usos de estos productos en situaciones de usos real y vida cotidiana. Esta Tecnoantropología aporta la experiencia de la aproximación etnográfica a la realidad y proporciona una comprensión cualitativa de la experiencia de los usuarios. Esta Tecnoantropología colabora con diseñadores de todo tipo, ergonomistas, desarrolladores, investigadores de mercado y emprendedores. Los proyectos en los que colabora puede estar originados tanto en la empresa como en la administración como en el mundo asociativo.

3) Finalmente, existe una Tecnoantropología académica. Desde esta perspectiva, la Tecnoantropología, como especialidad interdisciplinar, tiene afinidad y afiliación con distintos estudios académicos. Entre estos destacan los estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad, los estudios sobre  Tecnología y Cultura, sobre Cultura Material, los estudios sobre la Innovación, y sobre la cultura del diseño. A diferencia de las dos tecno-anropologías aplicadas anteriores que generan informes, esta otra produce artículos y monografías. Aquí encontramos a los antropólogos estudiando y conceptualizando el fenómeno de la cultura digital, de la sociedad y economía del conocimiento, de la adaptación a las nuevas tecnologías, de las consecuencias de la fractura digital, de las desigualdades provocadas por el distinto acceso a las tecnologías, y los encontramos, también, reflexionando sobre la labor de la Tecno-Antropología profesional. Esta Tecnoantropología está vinculada al mundo académico y a la formación.

Es decir, la Tecnoantropología, tomada en su conjunto, ha sido capaz de crear un sistema lo suficientemente complejo como para ser capaz de diseñar sus propios espacios y herramientas para el cambio, dinamizar los procesos de cambio y contribuir al proceso de innovación, hacer una reflexión acerca del alcance de los cambios propiciados por el desempeño de su actividad profesional y transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones de tecno-antropólogos/as.

¿Qué son los Living Labs?

Descubrí el mundo de los living labs a mediados del 2009. Estaba terminando una colaboración en un proyecto europeo (EURODITE 2005-09) sobre las dinámicas de la innovación. Comparábamos estas dinámicas en varias regiones de la UE. Éramos 20 equipos de investigación coordinados. Desde el IGOP, de la UAB, yo estaba estudiando el Sistema Catalán de Innovación y su red de parques científicos, empezando por el Parque Científico de Barcelona. Como sector de aplicación, la biotecnología en Catalunya. En aquella época yo estaba tratando de entender de qué se hablaba cuando se hablaba de la innovación y terminé hablando de innovación tecnológico pero oyendo, también, de innovación social. ¿Qué era la innovación social? En una de las muchas entrevistas que hice a personas responsables de instituciones relacionadas con el mundo de la innovación fui a parar al citilab de Cornellà donde entrevisté a Artur Serra que estaba como director de investigación. Ya hacía años que nos conocíamos de otras investigaciones sobre Internet y redes sociales, los dos somos antropólogos, pero hacía unos cuantos años que no hablábamos. El reencuentro fue muy interesante. El citilab era un centro de innovación social y un living lab.

Al cabo de un par de meses estaba trabajando en el citilab. Estuve allí hasta el 2012. En paralelo, el 2010 empecé también empecé a colaborar con la Fundación i2CAT, otro living lab y, con Artur, creando y coordinando la Unidad de Living Labs hasta el 2013. Conocí Neápolis de Vilanova y la Geltrú, el Tecnocampus de Mataró, el 22@, Guifi.net y otros living labs. Todos estos living labs pertenecían a la EnOll, la red europea de living labs creada en el 2006. En la actualidad la EnOll tiene registrados 331 living labs. Desde el 2010 cada año se celebra una Summer School of Living Labs. La primera tuvo lugar en la Cité des Sciences de París, la segunda en el Citilab de Cornellà de Llobregat, Barcelona.

Pero ¿qué son los Living labs? Para entender el mundo de los living labs es recomendable empezar distinguiendo los distintos usos de la expresión. Esta expresión puede designar por lo menos cuatro tipos de fenómenos:

  • Espacios físicos nativos de la sociedad y economía del conocimiento dedicados al mundo de la innovación en alguna o algunas de sus expresiones tecnológicas, sociales, culturales o simplemente tecno-culturales (por ejemplo en el registro de la EnOll)
  • Formas híbridas de organización (que tienen en cuenta la fórmula del PPPP – Public Private People Partnership- y que se observa por ejemplo, en la composición de los patronatos de las fundaciones constituidos por gente del mundo de la administración, la empresa, la academia y el mundo asociativo, lo que se conoce como el ‘modelo de la cuádruple hélice’)
  • Una metodología de trabajo relacionada con el principio de la innovación centrada en la gente (People Centred Innovation), la innovación abierta (Open Innovation) y el empoderamiento y participación de los ciudadanos (empowerment)
  • Unos métodos de trabajo mayoritariamente cualitativos y etnográficos dedicados a conocer las experiencia de los usuarios con productos, servicios, plataformas, aplicaciones tanto en las fases de la I+D como en la etapa de mercadeo e innovación (que emplean a científicos sociales, diseñadores, desarrolladores e investigadores de mercado).

Es decir, la expresión ‘living lab’ funciona como una expresión paraguas que permite referirse a una serie de espacios físicos, sociales y/o simbólicos que facilitan el encuentro entre las iniciativas tecnológicas, sociales y culturales. De este encuentro pueden salir proyectos de cualquier tipo, de I+D o de innovación, con mayor o menor peso en la dimensión tecnológica, social o cultural  (generalmente se trata de proyectos tecno-culturales, es decir, de proyectos que combinan estos tres factores) y cada vez más, requiriendo algún modelo de negocio que asegure su sostenibilidad y continuidad en el tiempo.

En un living lab ideal encontraríamos, por ejemplo:

  • proyectos dedicados a la formación y difusión de la cultura digital, el arte y la creatividad, y las nuevas tecnologías,
  • proyectos dedicados a la creación y dinamización de comunidades de usuarios,
  • proyectos de I+D (cuando se conciben, diseñan y exploran nuevos productos o servicios con los usuarios),
  • proyectos de innovación (cuando estos productos o servicios se introducen en el mercado y la sociedad),
  • proyectos y eventos dedicados al networking,
  • proyectos de emprendeduría, y
  • servicios de co-working, viveros de empresa, ayuda a los emprendedores, a la impulsión de proyectos, etc.

Sin embargo, en el día a día de los living labs, la realidad es confusa y compleja y estos nuevos espacios no son fáciles de gestionar. Entre otras cosas porque, al ser nuevos, aún no hemos aprendido a manejarlos de manera efectiva y, como consecuencia, a veces, la pirotécnica, el humo y la palabrería se mezcla con los resultados. A veces s se ponderan las bellezas de unos nuevos vestidos imperiales que no son fáciles de percibir. Y no es que el emperador vaya necesariamente desnudo sino que como aún no ha descubierto el tipo de vestimenta que debe llevar para una ocasión llamada innovación  busca con qué podría vestirse.

En suma, que el mundo de los living labs deberíamos ser Atrevidos, Activos, Críticos y Pacientes. Atrevidos para descubrir y explorar territorios tecno-culturales nuevos y encontrar nuevos recursos y oportunidades. Activos porque el acto caminar se demuestra con la experiencia del andar. Críticos para separar el grano de la paja. Y Pacientes porque las contradicciones, las iluminaciones, las fantasías y la cosmética abundan tanto aquí como en cualquier otro territorio dorado y embellecido por las expectativas de cambio, pero sabiendo que los cambios reales acostumbran a ser lentos y que los frutos de la tierra crecen al ritmo de la naturaleza no de los sueños.

ARTICULOS:

RECURSOS

¿Tres tipos de innovación?

El mundo de la innovación tiene su complejidad. Una manera de explicarlo es diferenciando entre:

  • La innovación tecnológica
  • La innovación social
  • La innovación cultural

La Internet como infraestructura es, por ejemplo,  una innovación tecnológica, como lo puede ser una holografía interactiva, la fibra óptica o una impresora en 3D.

Los usos sociales de la Internet, o las aplicaciones médicas del láser o de la realidad virtual en el  mundo del turismo son innovaciones sociales porque conllevan un cambio en la manera cómo las personas interaccionan con el mundo y hacen cosas, indistintamente de que lo hagan sea en el dominio personal, social o profesional.

En tercer lugar, los nuevos conceptos que surgen para explicar las nuevas relaciones sociales con las nuevas tecnologías pueden considerarse innovaciones culturales. El término “usuario activo”  define el grado de vitalidad que muestran algunos usuarios en, por ejemplo, las redes sociales. La expresión “tecno-cultura” permite identificar una serie de fenómenos que surgen de la interacción entre la tecnología y la cultura. La “User Experience Research” es una expresión que permite referenciar un tipo de investigación que surge a partir del momento en que la experiencia de los usuarios adquiere relieve a partir de la “innovación centrada en la gente”. Todas estas expresiones nuevas son innovaciones culturales en el sentido que tratan de identificar realidades que antes no eran tenidas en cuenta y que transmiten un sentido para quienes usan semejantes conceptos.

Es decir, podemos utilizar la expresión “innovación tecnológica” para identificar los cambios en el sistema de objetos que nos rodean, la de “innovación social” para referirnos a los cambios en las maneras que las personas se relacionan, interaccionan y comunican, y la de “innovación cultural” para documentar nuevos términos, expresiones, percepciones y maneras de dar nombre e identificar nuevas experiencias derivadas del cambio social y tecnológico.

Sin embargo, aunque esta diferenciación en tres tipos de innovación que distinguen los cambios en las infraestructuras, en las estructuras y en las superestructuras, parece que, dado que las innovaciones tecnológicas van acompañadas de cambios en lo social y en lo simbólico, todas estas innovaciones, en definitiva, acaban siendo innovaciones tecno-sociales o, más genéricamente, innovaciones tecno-culturales, de ahí que hablar e innovación tecno-cultural puede resultar más cómodo que tratar de distinguir lo material, lo social de lo simbólico en lo nuevo.

La Tecnoantropología y la innovación tecnocultural

Proyecto Specify: Tecno-Cultura

¿Qué es la Tecnoantropología y qué relación existe entre la Tecnoantropología y la innovación tecnocultural?

La Tecnoantropología es una especialidad profesional de la Antropología Social y Cultural. La innovación tecno-cultural es un fenómeno derivado de la innovación tecnológica, especialmente vinculada al fenómeno de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Alrededor de las TIC se ha estado desarrollando una nueva cultura que, para distinguirla, la llamamos tecno-cultura. Esta tecnocultura puede ser investigada desde la academia, como en los estudios sobre la Cultura Digital o la Cultura de Internet; puede ser fomentada desde las administraciones públicas, como en los proyectos de fomento de la sociedad del conocimiento; adoptada y utilizada por la población, como en el caso del consumo de productos multimedia o las creaciones tecno-artististas; o producida desde los proyectos de innovación. La Tecnoantropología, como especialidad profesional, contribuye a que los proyectos de investigación y desarrollo (I+D) para la tecno-cultura y de innovación tecnocultural se hagan realidad.

Imaginemos, por ejemplo, el caso de la creación de música mediante un sistema de videoconferencia múltiple en el que ocho músicos de cinco países distintos están interpretando una pieza musical unidos por Internet. El objetivo de este evento no es la interpretación de la pieza sino explorar si la tecnología de la videoconferencia múltiple podría tener algún tipo de interés para el mundo de la música. La interpretación es un contexto de uso con personas físicas reales que van a evaluar las fortalezas o debilidades así como las oportunidades que esta tecnología podría proporcionarles. Esta exploración se hace utilizando situaciones reales. Al final de la exploración los músicos valoran sus experiencias como usuarios de esta tecnología. En este caso, como sucedió en una pruebas que se hicieron en el proyecto Specify en la Fábrica de la Creatividad de Fabra i Coats en Barcelona,a mediados del 2013, aquellos músicos desestimaron rotundamente esta tecnología para dar conciertos, sin embargo, todos ellos estuvieron de acuerdo en que les resultaría de gran ayuda durante los ensayos. La videoconferencia múltiple les permitiría ensayar evitando desplazamientos. Si esto era así, ¿cómo se debería domesticar a esta tecnología para que, efectivamente, resultara fácil de utilizar para los músicos y se difundiera entre su colectivo?

En este proyecto la Tecnoantropología intervenía en distintos momentos. Cubría la etnografía del evento, entrevistaba a los músicos y proporcionaba una lista de requerimientos a los desarrolladores que, desde la perspectiva de los usuarios, la tecnología debería satisfacer para ser del agrado de los músicos. A partir de se inicia un proceso de co-diseño de la tecnología y pruebas de usabilidad con los usuarios que contribuye a la socialización de la tecnología, es decir, a la producción de una tecnología centrada en el usuario. En estos proyectos intervienen ingenieros, diseñadores e investigadores sociales. La Tecnoantropología es la encargada de crear el enlace y facilitar la interacción y la comunicación entre la parte tecnológica de estos proyectos y la parte humana. A este tipo de investigación se le llama User Experience Research. Los tecno-antropólogos son uno de los tantos perfiles profesionales que se han acercado a este tipo de investigaciones tecno-culturales. Para realizar su trabajo aplican sus conocimientos sobre las dinámicas de la cultura, la interacción, la comunicación y la cultura material, y aplican sus métodos de investigación cualitativa y etnográfica.

 

Artículo sobre Tecno-Antropología

Colobrans, Jordi; Artur Serra, Ricard Faura, Carlos Bezos, Iñaki Martin (2012). “La Tecno-Antropologia”, Revista de Antropología Experimental – Monográfico: Antropología en España: Nuevos Caminos Profesionales, pp. 137-146, Universidad de Jaén, Jaén. (Originalmente Comunicación presentada a XII Congreso de Antropología: Lugares, Tiempos, Memorias Simposio: “El sentido de la Antropología hoy: responsabilidades, dilemas y acciones” Leon, Universidad de León 6-9 Septiembre 2011, disponible en http://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/rae/article/download/1909/1659