Publicado el Libro: Cultura, Diseño y Tecnología. Ensayos de Tecno-Antropología

EnsayosTecnoantropologia

Ha sido publicado un nuevo libro sobre tecno-Antropología:

Max Matús, Jordi Colobrans y Artur Serra (Coords) (2019) “Cultura, Diseño y Tecnologia. Ensayos de Tecno-Antropología”. COLEF,  México DF, México

Este libro sigue la anterior publicación sobre Libro de casos de Tecno-Antropología (Casos de Estudio. Especial de Tecno-Antropología)

Indice del libro

  • Introducción: El proyecto de la tecnoantropología. Maximino Matus Ruiz, Jordi Colobrans Delgado y Artur Serra Hurtado 
  • HISTORIA Y FUTURO DE LA TECNOANTROPOLOGÍA 
  • Etnógrafos y diseñadores culturales en la era de la alta tecnologíaю Artur Serra Hurtado 
  • Fundamentos epistemológicos y práctica futura de la tecnoantropología: Ontologías planas y conexiones híbridas en la síntesis entre humano y máquinaю Maximino Matus Ruiz 
  • La tecnoantropología como profesión: Antropólogos en el mundo de la innovaciónю  Jordi Colobrans Delgado 
  • EL MÉTODO DE LA TECNOANTROPOLOGÍA 
  • Delimitar el problema de diseño mediante la heurística del comportamientoююNora A. Morales Zaragoza 
  • Preocupaciones metodológicas de la etnografía digitalю Maya Georgieva Ninova 
  • Aplicaciones del método autoetnográfico en proyectos de tecnoantropologíaю Jordi Colobrans Delgado 
  • PRÁCTICA DE LA TECNOANTROPOLOGÍA 
  • ¿Qué es prototipar en tecnoantropología? J. Iñaki Martín Bermejo 
  • Puesta en marcha de un centro de habilidades digitales: Tecnoantropología para la adopción de las TIC .Rodrigo Ramírez Autrán
  • PROPUESTAS TEÓRICAS EN TORNO A LA TECNOANTROPOLOGÍA 
  • Ciborgología: Cuerpo, imagen y mediaciones digitalesю Rafael Alarcón Medina
  • El nanolítico y el paradigma de la alta tecnología inteligenteю J. Iñaki Martín Bermejo 
  • La tecnoantropología como alta tecnología culturalюArtur Serra Hurtado 
  • ACERCA DE LOS AUTORES

Ver el libro Cultura, Diseño y Tecnología. Ensayos de Tecno-Antropología o clic aquí

II Encuentro Internacional de la Tecno-Antropología

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El pasado 16 de noviembre de 2018 tuvo lugar en la Fundación i2CAT, Barcelona, el II Encuentro Internacional de la Tecno-Antropología. Al evento asistieron Tom Borsen, director del Master de Techno-Anthropology de la Universidad de Aalborg, Max Matús del CONACyT de México, Jorge Iván Contreras, ingeniero y estudiante del master de tecno-antropología de Aalborg, Isaac de Jesús de México, y Angela Pereira de la European Comission. Por Skype asistieron Nora Morales y Santiago Negrete de la UAM Cuajimalpa, México, y Iñaki Martín (consultores independientes). Y, por Barcelona estaban Artur Serra (Director adjunto, Fundació i2CAT) y Ramón Nualart (Gestor de proyectos, Fundació i2CAT), Ricard Faura (Jefe de servicio de Inclusión y Capacitación Digital de la Generalitat de Catalunya) y Jordi Colobrans (CEO de Livinglabing y profesor colaborador de la Universidad de Barcelona y de la Escuela de Administración de Empresas)

El encuentro fue muy enriquecedor e inspirador. La tecno-antropología sigue desarrollándose en todas sus facetas: desde su vertiente más profesional, práctica, aplicada y transformadora, hasta su lado más académico y teórico, así como en sus esfuerzos por imaginar sociedades futuras y para diseñar nuevos escenarios tecno-culturales en un mundo digitalizado e interconectado. Cada año 60 nuevos tecno-antropólogos terminan el máster de Tecno-Antropología de la Universidad de Aalborg para mejorar, diseñar y transformar el mundo en el que vivimos. Aalborg está proporcionando expertos en User Experience, en Interacción Hombre-Máquina, en Innovación Tecnológica , en gestión de proyectos de innovación entre otros.

La tecno-antropología ayuda a dinamizar el enlace entre la tecnología, la cultura y la sociedad. La gente y la tecnología se influyen mútuamente. ¿Cómo podemos dar forma a esta relación para que cumpla por lo menos las seis condiciones siguientes?

  • Que sea creativa
  • Que sea socialmente deseable
  • Que sea económicamente viable
  • Que sea tecnológicamente factible
  • Que sea usable por las personas, y
  • Que sea segura

De una parte, la tecno-antropología aporta una metodología para influir en la ideación, conceptualización, diseño, desarrollo, implementación y gestión de la tecnología, así como de su comunicación y comercialización. De otra, la tecno-antropología concibe, diseña e implementa espacios y comunidades para articular y dinamizar la sociedad digitalizada. En estos menesteres hay mucho trabajo por hacer.

La Tecno-Antropología en la International Conference: HUMANITIES IN TRANSITION

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El pasado 23-26 de octubre del 2019 tuvo lugar en Barcelona la International Conference: HUMANITIES IN TRANSITION sobre el futuro de las humanidades en el Palau Macaya. Tres tecno-antropólogos tuvimos la ocasión de presentar comunicaciones en tres mesas: Artur Serra con su comunicación sobre Are Social Sciences Synthetic Possible?, Ricard Faura: Si somos protagonistas del diseño del futuro ¿Está en peligro nuestro futuro como especie? y Jordi Colobrans: Por un tecno-humanismo práctico

En su intervención, Artur Serra enfatizó las oportunidades que podría ofrecer el desarrollo de unas ciencias sociales sintéticas, Ricard Faura planteó los desafíos para de la huella tecnológica del Sapiens en el mundo, y Jordi Colobrans planteó maneras de socializar a la tecnología desde un planteamiento humanista y, a la vez, práctico.

Living labs y ecosistemas tecno-culturales para la innovación centrada en los usuarios

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Introducción

Aquí estamos hablando de la dificultad de manejar los procesos de innovación y de un tipo de solución: la de los modelos de innovación abierta y centrados en la gente, basados en la metodología de los living labs, y que requieren la creación de ecosistemas tecno-culturales. La innovación abierta tiene sentido en la medida en que democratiza la innovación (ver el trabajo de von Hippel), en que fomenta los procesos de innovación centrados en o dirigidos por los usuarios (ver el trabajo de Eskelinen, García, Lindy, Marsh y Muente-Kunigami), y aplica la metodología de los living labs. Un ecosistema tecno-cultural es un conjunto de elementos relacionados que cooperan para crear un determinado dinamismo. En este artículo se presenta un modelo de ecosistema tecno-cultural basado en el modelo de living labs desde la perspectiva de la innovación abierta y centrada en los usuarios. ¿Qué hay que tener en cuenta para crear un ecosistema tecno-cultural de estas características?

La idea del proyecto, los socios y el proyecto

En estos ecosistemas hay una motivación y una propuesta de cambio (léase una idea de proyecto basada en una necesidad u oportunidad, y un proyecto respaldado por un grupo de socios) El diseño del grupo de socios debe ser estratégico (es decir, debe haber una razón convincente para la presencia de cada socio) y, en consecuencia, debería tener en cuenta los distintos elementos del ecosistema que se quiere crear y dinamizar para poder repartir las responsabilidades y tareas de un modo razonable. Una manera de diseñar el grupo de socios es a partir del modelo de la cuádruple hélice (léase: cómo hacer para que administraciones, empresas, académicos, asociaciones y ciudadanos cooperen con mayor facilidad) Es decir, en el grupo de socios debería haber representantes de los distintos sectores institucionales para asegurar la conexión entre los distintos agentes que intervienen en los procesos de cambio: los que defienden los intereses públicos, los intereses privados, los intereses académicos, los intereses sociales y los personales.

El living lab, la tecnología y la comunidad de usuarios 

(Léase el espacio de I+D en el que se encuentran la tecnología, la sociedad y la cultura para lograr que la innovación sea una innovación centrada en los usuarios)

La sociedad industrial ponía su atención en los sistemas de producción. La sociedad del conocimiento ha desplazado esta atención a los sistemas de investigación, las actividades creativas y otros servicios. De ahí que el espacio de Investigación y desarrollo (I+D; léase todo tipo de investigación fundamental o aplicada sea científica, tecnológica, social o cultural-humanista) sea el espacio que debe tomarse como referencia para el diseño de este tipo de ecosistemas tecno-culturales. Hay mucha literatura sobre los livings labs, sin embargo, baste decir que en un living lab siempre debemos atender dos grandes necesidades: la tecnológica y la cultural. En la parte operativa de un living lab se encuentran los ingenieros o los científicos con las personas y los usuarios. Para hacer la conexión entre ambos intervienen los diseñadores y los científicos sociales prácticos, también los investigadores de mercado. Lo que hacen estos perfiles en un living lab es investigar, crear y probar con la ayuda de usuarios. Con esto se consigue enriquecer las ideas, los conceptos, los diseños y los prototipos y mejorar su funcionalidad (la funcione técnicamente) y su usabilidad (que sea fácil de usar). 

Pero, para poder investigar, crear, probar y validar con la ayuda de usuarios, un living lab necesita crear y dinamizar una comunidad de usuarios. De ahí la doble cara de los living labs: la tecnológica orientada a la I+D del producto, servicio, plataforma, app con el que se quiere innovar, y la socio-cultural (la comunidad de usuarios) que formará una asociación de personas interesadas en un determinado tema y participará en las tareas de socialización y adaptación de este producto a las necesidades del mercado o la sociedad. 

Pero, para que esta comunidad esté disponible, habrá que diseñarla, motivarla y dinamizarla. Diseñarla significa combinar las necesidades del proyecto con las necesidades de las personas dispuestas a participar en esta comunidad. Motivarla significa ofrecerle algo (por ejemplo, información y actividades, contactos, e incluso remuneración económica). El tipo de información y actividades dependerá del tipo de living lab específico que necesitemos (por ejemplo para transformar el espacio urbano, disminuir el consumo de energía, cambiar determinados hábitos culturales o las maneras de interaccionar en la sociedad, innovar en las plataformas de gestión de turismo, adaptar la industria del automóvil al mundo digital, etc.) Y estas comunidades de usuarios estará formadas por personas interesadas, implicadas y motivadas en estos tópicos específicos. 

La innovación

La innovación es el resultado de la actividad llevada a caba en el living lab es un producto, servicio, plataforma, app que antes no existía. A esto le llamamos una innovación. Esta innovación será social o comercial, o será tecnológica o cultural dependiendo del proyecto. Se ha hablado tanto de la innovación que aquí ya no le daremos más vueltas. Más sobre innovación a partir de los trabajos de Benoit Godin

La organización para el uso y consumo de la innovación

La innovación tiene un doble-doble propósito. Por un lado, o se lleva a cabo para competir en el mercado o para contribuir a la cohesión y a la justicia social (léase, su propósito cuando trabajamos desde el eje socio-económico). Y, por el otro, o se lleva a cabo para introducir más tecnología o para proporcionar nuevas experiencias a los usuarios a partir de los usos de los productos y servicios innovadores (léase, su propósito cuando trabajamos desde el eje tecno-cultural). En cualquiera de ambos dobles propósitos siempre necesitaremos una organización que se encargue de producir y difundir la innovación en el mercado o en la sociedad. Estas organizaciones serán empresas, asociaciones, administraciones, academias y centros de investigación que funcionarán como organizaciones (léase lo necesario para hacer llegar la innovación al destino para el que ha sido creado) y como instituciones (léase el proyecto de la organización, el trabajo que genera y lo que representa para la gente de la organización y la vinculada a ella)

En este sentido, la organización es la encargada de generar trabajo, generar consumo y de hacer sostenible el proyecto a través de ingresos comerciales, sociales o culturales (léase: capital económico, capital social y capital cultural; por ejemplo: dinero y similares, contactos e interacciones, y contenidos y experiencias). La habilidad y originalidad para manejar el equilibrio y la transformación de estos tres capitales será clave para garantizar la sostenibilidad del proyecto.

La plataforma

Internet y las TIC están en la base de la transformación del orden de una sociedad industrial al orden de una sociedad mediatizada por las tecnologías en un mundo globalizado. Para la creación de un ecosistema tecno-cultural es necesaria una plataforma que tenga por lo menos un triple uso: para investigar y desarrollar, para organizar una comunidad de usuarios, y para gestionar una organización y comerciar. Para que estas plataformas resulten satisfactorias deben organizarse teniendo en cuenta esta triple dimensión. 

La primera es el grupo de funcionalidades dedicadas a la investigación. La plataforma debe dar soporte a la organización y gestión de la I+D del proyecto. Debe servir para poder informar (léase la web en la que se explica el proyecto y el sentido del living lab) y, especialmente, para trabajar en el proyecto de innovación y transformar las ideas en cosas (léase la creación y gestión del conocimiento generado en el living lab durante la I+D)

La segunda es el grupo de funcionalidades dedicadas a la creación, dinamización y gestión de la comunidad de usuarios. Debe servir para poder informar (léase la web en la que se habla del tema para el que se convoca a los usuarios, por ejemplo, un living lab social para la prevención del terrorismo), y, especialmente, para crear un vínculo, un identidad y una predisposición a la colaboración con la investigación (léase, por ejemplo, un blog, unos foros y un programa de actividades entre las que se incluyen las tareas de I+D objeto del proyecto; es decir, que proporcione contenidos y experiencias a sus participantes)

La tercera es el grupo de funcionalidades dedicadas a la organización. Debe tener una triple vertiente: Debe servir para poder informar (léase, por ejemplo, la web corporativa), para comercializar (por ejemplo, incluir aplicaciones de eCommerce), y para obtener una doble información: 1) la del rastro que dejan los usuarios en su transito por la web corporativa, durante sus procesos de compra y su resonancia en las redes sociales y 2) el rastro de los flujos de información de los procesos internos de la organización.

Pero, además,  y dado que detrás de la creación de este ecosistema tecno-cultural hay un proyecto y un grupo promotor que tiene unos determinados conocimientos e intereses, la plataforma debe servir a un cuarto propósito, el de poder manejar el conjunto del ecosistema tecno-cultural para retroalimentar el proyecto y servir de base para la creación de nuevos proyectos.

En resumen

El modelo de innovación basada en living labs tiene su complejidad pero es una manera de asegurar la sostenibilidad de los proyectos de innovación. Requiere:

  • un proyecto que integre la cuádruple hélice desde una perspectiva de innovación abierta y de Innovación Centrada en las Personas, 
  • un living lab para hacer I+D, 
  • una comunidad de usuarios para socializar la futura innovación antes de que salga al mercado o se introduzca en la sociedad, 
  • una organización que se ocupe de la innovación y 
  • una plataforma integrada que sirva 1.1.) al living lab y sus actividades, 1.2) a la comunidad y a sus actividades, 1.3) a la organización y a sus actividades, y 2) al proyecto y a sus actividades.

En este modelo lo importante es darse cuenta de que tenemos que manejar varias realidades en paralelo: 

  • la del proyecto
  • la del living lab
  • la de la comunidad
  • la de la organización
  • la del comercio, y
  • la de la plataforma tecnológica

Y, sobretodo, tener en cuenta que la realidad tecnológica es transversal a todas las demás realidades y que, por lo tanto, actúa en paralelo sobre los elementos del sistema (léase la gestión de cada una de las realidades dentro del ecosistema) y, a la vez, sobre el sistema como conjunto integrado (léase la gestión del ecosistema como meta-realidad)

El método usearcher

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Validar apps, plataformas, procesos, entornos, ecosistemas tecno-culturales, prototipos de productos y servicios con usuarios tiene sus complicaciones. Los usuarios comunes no son especialistas, los profesionales implicados habitualmente están ocupados para participar y los usuarios líderes son escasos. Pero, para atajar este problema podemos hacer un invento. Podemos utilizar usuarios-investigadores que, demás, pueden hacer de consultores. A estos perfiles, en Livinglabing, les llamamos usearchers.

Los userachers son profesionales que, para profundizar en el conocimiento de la experiencia de los usuarios dividen sus tareas en tres roles: la del usuario, la del investigador y la del consultor. Como usuarios viven una experiencia en primera persona, como investigadores documentan y analizan sus experiencias de manera sistemática y, como consultores, valoran e interpretan sus experiencias con perspectiva profesional.

Como técnica de trabajo, los usearchers utilizan las autoetnografías analíticas. Las autoetnografías analíticas funcionan como una extensión del tradicional cuaderno de campo del investigador pero añaden funcionalidades que permiten adaptar el proceso documental y analítico a la consultoría.

Habitualmente, las autoetnografías se estructuran en forma de viajes de descubrimiento a nuevos mundos tecno-culturales. A lo largo de estos viajes, los usearchers van documentando textualmente y gráficamente sus impresiones, percepciones, ideas, pensamientos y conductas. Plasman sus experiencias por escrito. Cuentan su primer contacto con la nueva realidad que acaban de descubrir, y cuentan su proceso de aprendizaje y familiarización en este nuevo mundo. Los usearchers tienen que aprender todo aquello que debería saber un usuario avanzado o experto y, además, documentan su proceso de aprendizaje. 

Si el esfuerzo del userarcher fuera individual estaríamos ante un caso de uso particular. Sin embargo, los usearchers acostumbran a trabajar en modo colaborativo. Al actuar de esta manera, se amplía el universo de casos de uso en la investigación y, al contrastarlos producen una perspectiva de conjunto de la tecnología o fenómeno que investigan que les capacita para llevar a cabo su tercer rol, el de consultores o asesores con conocimiento de causa.

Es decir, el método usearcher, lo que plantea es una aproximación experiencial al conocimiento (trabajo de campo implicativo) que, en ausencia de usuarios comunes o cualificados, genera casos de uso desde cero, los enriquece con experiencias reales y los elabora de manera sistemática con fines prácticos. 

Y si, además, luego podemos investigar con usuarios comunes, entonces podemos utilizar los aportes de los usearchers como hipótesis etnográficas y comparar los resultados obtenidos de las autoetnografías analíticas con las etnografías y los resultados de otros métodos.

En Livinglabing hemos estado empleando usearchers y las autoetnografías analíticas desde el año 2009. 

¿Qué se puede hacer con un living lab? 

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A propósito de una conversación con Gemma, del Ayuntamiento de Gavà


¿Qué se puede hacer con un living lab?

Un living lab es un concepto, una metodología y un espacio relacionado con el mundo de la investigación que promueve una manera de hacer y de pensar el fenómeno de la innovación. Los living labs se emplean para añadir valor al proceso de innovación.

En su sentido original depende de tres condiciones fundamentales: 1) Tiene que ver con la estrategia (competitiva o solidaria) de la innovación abierta, 2) con la aproximación metodológica de la innovación (o el diseño) centrado en los usuarios, los ciudadanos o las personas, y 3) con la creación de un espacio de pensamiento y acción transversal que reúne a los distintos agentes que participan en un ecosistema socio-económico y tecno-cultural. Es decir, la expresión living lab va acompañada de una manera particular de entender y trabajar el fenómeno de la innovación: una innovación abierta, centrada en las personas, sistémica y transversal. Abierta para poder incluir a los usuarios y otros agentes en el proceso de investigación y diseño del producto o servicio, y sistémica y transversal para poder coordinar los intereses de los agentes implicados.


Abierta y con los usuarios ¿Por qué innovar de manera abierta y centrándose en las personas?

Originalmente, los living labs surgen en un momento en el que la oferta de productos supera la demanda y las empresas tienen que adaptar sus estrategias de mercado y empezar a competir en innovación y calidad de producto (situémonos en la década de los 70s y los 80s, el momento en el cual se empieza a hablar de una sociedad post-industrial y de la emergencia de la sociedad de la información). ‘Innovar’, aquí, significa la capacidad para ofrecer nuevos productos a la curiosidad del consumidor y ‘calidad del producto’ debe interpretarse como la posibilidad de satisfacer y fidelizar el consumidor a través de la reputación de un producto o marca. Pero, para innovar, hacen falta ideas y, para mejorar la calidad de un producto, se necesita información sobre la experiencia de sus usuarios que lo van a utilizar en sus circunstancias particulares. 

En ambos casos, algunas empresas se dan cuenta de que el tradicional secretismo inherente al mundo industrial y a su sistema de patentes necesita una revisión o, por lo menos, cierta flexibilidad o ‘apertura’. Mantener un producto en secreto hasta el momento de introducirlo en el mercado como había sido habitual en los momentos en los que la oferta era inferior a la demanda, resultaba demasiado arriesgado en un mercado donde los consumidores fácilmente podían elegir otros productos, los de la competencia. Por lo tanto, algunos exploraron de qué maneras podían disminuir los riesgos de fracaso de los productos en el mercado. Una de las soluciones que encontraron fue ‘abriendo’ un poco la investigación de producto (o servicio) a los potenciales consumidores, y renunciando un poco al genio de los inventores y diseñadores para adaptarlos a las necesidades reales de los consumidores. Este giro social en la estrategia de investigación de producto permitía socializar el nuevo producto antes de lanzarlo al mercado. En esta ecuación, si los usuarios o potenciales consumidores podían compartir sus experiencias con una idea, concepto, prototipo o diseño de un producto, los promotores del proyecto aún estarían a tiempo de corregir y re-diseñar el producto para que encajara mejor con los requerimientos del futuro mercado y, así, disminuir los riesgos de rechazo. De esta manera, al explorar las experiencias de los usuarios en el proceso de I+D del producto se podían detectar sus puntos débiles y se tenía tiempo de adaptar el producto teniendo en cuenta los usos reales en la relaciones cotidiana con los objetos o los servicios. A esto se le llamó innovación abierta (Open Innovation) e innovación (o diseño) centrado en los usuarios (o las personas) (People Centred Innovation, User Centred Desgin).

¿En qué pensamos cuando hablamos de emprendimiento?

Emprenedores

A propósito de un debate sobre la tipificación de la cultura emprendedora

Las narrativas sobre el emprendimiento llevan años popularizándose y parece que, en los momentos de crisis, es una solución a la dificultad de encontrar trabajo. Esta narrativa postula que el trabajo puede ser inventado. Pero ¿en qué se está pensando cuando se habla de emprendimiento

Se habla de emprendimiento [en los negocios] en general, y de emprendimiento científico, tecnológico, social o cultural en particular. En cualquier caso, el hilo conductor es siempre el mismo. Alguien, con alguna idea, toma la iniciativa de llevarla a cabo y convertirla en un bien que introduce en el mercado (la innovación científicos-tecnológica), en la sociedad (cuando se habla de innovación social) o en algún tipo de proceso organizativo. Pero fijémonos que, en ingeniería, a los innovadores se les llama inventores. En ciencia, descubridores. A los artistas y a los diseñadores se les supone la creatividad por lo tanto, a nadie sorprende que se les llame creadores. En política, a los innovadores se les llama líderes o revolucionarios. Y, en la sociedad, los innovadores reciben el nombre de líderes sociales, aunque, a la hora de la verdad, no queda demasiado clara la diferencia entre lo que debería ser un líder social y un líder político. ¿Acaso con la expresión líder social se pretende designar a aquellas personas que se implican más con la comunidad y la proximidad que los líderes políticos que piensan más en términos de sociedad o estado? Pero, entonces ¿qué sucede cuando, por alguna razón, el impacto del líder social vas más allá de la comunidad original y se convierte en un movimiento social, o el líder político dedica su esfuerzo a la política de proximidad? La discusión queda abierta. Por otro lado, desde los años 90 la universidad como sector institucional está predicando su compromiso con la tercera misión (la creación de riqueza) y habla de científicos que se convierten en empresarios y les ofrece espacios como los parques científicos y tecnológicos. En economía, la palabra que designa a este tipo de gente con iniciativa es emprendedores. Por lo tanto, debemos ser conscientes de que al emplear el término emprendedor estamos aceptando el trasfondo económico de esta actividad.

Dicho esto, y sabiendo que cuando hablamos de emprendimiento estamos manejando una concepción económica del mundo, resulta que cuando se habla de emprendimiento en distintos contextos (comercio, investigación, administración, comunidad, sociedad, industria, etc), el significado de la expresión no siempre es el mismo. Si nos aproximamos al término podremos distinguir varios significados. Por lo menos diez. Este post intenta contribuir a clarificar el campo semántico de este término:


1. Científicos emprendedores (o empresarios-científicos). Por ejemplo, aquél estudiante de doctorado que durante su investigación para acceder al grado de doctor crea una molécula cuyas propiedades tienen interés farmacéutico. Este investigador patenta su descubrimiento, crea una startup, se convierte en empresario (científico) y produce un producto que vende a una farmacéutica. Lo habitual es que esta persona y el equipo de trabajo que crea a su alrededor se ubique en los primeros años de su actividad económica en una incubadora en el parque científico de la universidad en la que ha estado investigando. Este perfil y este modelo se aplica tanto a la biología, como a la química a la física y otras ciencias. El descubrimiento puede ser un nuevo material, una nueva célula sintética o una nueva manera de manejar los fotones o aplicar los plasmas.

2. Emprendedores tecnológicos. Si los emprendedores científicos están asociados a las carreras de ciencias, los emprendedores tecnológicos lo están a las universidades politécnicas. Sus innovaciones son lenguajes de programación, aplicaciones y plataformas en el caso de las ingenierías de software o de nuevos productos electrónicos, como en el de las ingenierías de hardware. Sus formatos empresariales iniciales son las spinoffs . Ejemplos de spinoffs pueden ser empresas dedicadas a la robótica y a la inteligencia artificial. En este caso, su lugar también son los parques científicos y tecnológicos.


Sin embargo, no hay parques sociales, ni parques artístico-culturales, ni parques comerciales. Estas infraestructuras no existen desde la universidad aunque, en algunos casos, los parques científicos den cierto cobijo a algunas de ellas. Las infraestructuras hay que buscarlas en los espacios de co-working, en fábricas de creación, en centros de conocimientos, en telecentros o simplemente en polígonos industriales o bloques de oficinas comerciales.

Con la expresión emprendimiento social se identifican todas aquellas iniciativas que buscan un balance entre lo social y lo económico y, por lo tanto, su fin no es el lucro individual (o de un grupo inversor que busca la rentabilidad) sino la cohesión social y la calidad de vida. En el emprendimiento social, como en el mundo cooperativo, la empresa es el instrumento que utiliza la sociedad para financiar un proyecto de interés social. Sin embargo, dentro del mundo de la innovación social con frecuencia hallamos proyectos por lo menos de tres tipos:


3. Emprendedores solidarios. Este seria el tipo de emprendimiento social más genuino. Una persona o un grupo de personas se movilizan para dar respuestas a unas necesidades sociales de manera nueva. Por ejemplo, utilizando la red de Internet para generar y distribuir conocimiento y crear una comunidad que resuelva problemas sociales como la integración, el cuidado de personas mayores, la atención a los más necesitados, a las víctimas de la violencia doméstica, el acceso a la comida, a la energía, etc.

4. Emprendedores económicos con compromiso social. Estos emprendedores son una variante de la anterior con la salvedad de que su proyecto está orientado a obtener un lucro moderado o sostenible. En estos casos, el compromiso social es un valor que se añade al proyecto económico, y lo económico un valor que se añade a lo social. Es, pues, una iniciativa empresarial compartida con una iniciativa social y dirigida a un nuevo sector, el social. En los casos extremos, lo social se utiliza como argumento de venta o para fidelizar a una comunidad de consumidores. Por ejemplo en los productos de marca solidaria. Sin embargo, en general, la contraprestación social de la actividad económica es visible, por ejemplo en un proyecto de comedores solidarios de una cadena de restaurantes de lujo.

5. Emprendedores socioeconómicos. En este caso, los emprendedores son un grupo de comerciantes apoyados por algún tipo de asociación de comerciantes o por algún programa de promoción económica de las administraciones locales, regionales o de alguna política de clústers territoriales que generan entornos (o ecosistemas) de producción, trabajo y consumo, o de ONGs o asociaciones. Son iniciativas transversales que tratan de promocionar y dinamizar territorios o comunidades conscientes de que su prosperidad o sostenibilidad es el resultado de la harmonía entre sus recursos económicos y sociales. Por ejemplo, un plan de promoción turística de una comarca que implique rutas y actividades culturales con desplazamientos, alojamientos, gastronomía con productos locales, contando con los profesionales, la red de servicios y las industrias locales, o un proyecto de comercio justo con comunidades indígenas.


Otro subgrupo de emprendedores son los que tienen que ver com la industria y las empresas


6. Emprendedores de negocios. Se trata de personas o grupos inversores que emplean su capital con la perspectiva de rentabilizarlo. Invierten en bienes y servicios y esperan obtener algo con su esfuerzo. Estos grupos asumen los riesgos de su inversión aunque, a veces, lleguen a pactos con las instituciones locales para que les den determinadas garantías para consolidar el proyecto a cambio de generar empleo. De esta manera disminuyen sus riesgos a la vez que generan dinamismo económico en la zona en la que se ubican.

7. Emprendedor industriales. Como en el caso anterior, una persona o grupo invierte en algún tipo de tecnología. Por ejemplo, en la fabricación de impresoras en 3D y, a su alrededor crean un ecosistema de proveedores, comercializadores, distribuidores, comunicadores, formadores, etc. que inciden en la economía y prosperidad de un territorio. Estos emprendedores generalmente se ubican en polígonos industriales.


Y otro subgrupo de emprendedores aquellos que estan relacionados con el trabajo y la profesión


8. Funcionarios emprendedores. El fenómeno de la administración innovadora es relativamente nuevo. Surge en el contexto de las crisis, los recortes, la falta de liderazgo político (o confusión política), la presión social generada por las contradicciones entre las palabras y los hechos y de la responsabilidad de los funcionarios más inquietos y sensibles. A partir de ahí surgen movimientos dentro de la administración que tratan de optimizar los recursos, y de renovar procesos administrativos obsoletos o desfasados, innecesariamente complicados o penosos para el ciudadano al cual se supone que la administración está ofreciendo un servicio

9. Trabajadores emprendedores (imprendedor o intraemprendedor). El caso de los trabajadores emprendedores plantea una situación paradójica. Se da cuando los trabajadores son más conscientes de los cambios en el entorno que el propio empresario y son ellos quienes advierten al empresario de qué cosas deberían cambiar en la empresa. La narrativa del trabajador emprendedor surge de la narrativa del trabajador proactivo. Y, el trabajador proactivo, es la reacción de algunas organizaciones que han reducido la cadena de mando hasta tal extremo que sobre los trabajadores han recaído responsabilidades que anteriormente eran propias de los jefes a los que ahora han despedido. De esta manera, por decirlo en pocas palabras, se tienen trabajadores con iniciativa de cuadros medios y superiores pero a precio de trabajadores. En una empresa cooperativa esta manera de funcionar tiene un sentido distinto al de una empresa capitalista dado que la distancia salarial y el grado de implicación con la propiedad de la empresa es muy distinto. Es decir, no debe confundirse la democracia industrial y la participación en una empresa responsable con la explotación del capital social y cultural de los trabajadores.

10. Profesionales emprendedores. De alguna manera, los profesionales siempre han sido emprendedores. Los profesionales tienden a crear su propio negocio. Son autónomos o pequeñas empresas o redes de freelances que cooperan en proyectos comunes. Esto no significa que siempre hayan sido innovadores, aunque, la innovación continuamente ha sido para ellos un estímulo para diferenciarse de la competencia y ofrecer más por menos a sus usuarios o clientes.


Desde luego se pueden hacer otras tipificaciones del fenómeno del emprendimiento. Ánimo con ellas!

Qualitative Open Data

QualitativeOpenData

El jueves 17 de marzo tuvimos una reunión del Grupo de Diseño de Ecosistemas Tecnoculturales (UB-i2CAT) en el i2CAT. A la reunión asistimos Artur Serra, Marc Aguilar, Cristina Nieto y Jordi Colobrans. En un momento dado hicimos una conexión. Funcione este post como Acta de la Reunión.

La narrativa actual sobre la Open Data pone el énfasis en la dimensión cuantitativa de los datos. Se supone que los datos a los que hay que acceder son fundamentalmente de origen estadísticos. ¿Por qué es así y no de otra manera? ¿Por qué no es habitual aún pensar en una Open Data Cualitativa?

Estábamos reflexionando sobre el acceso y el uso de los datos abiertos y salía el tema de la Big Data. En un momento dado, caímos en la cuenta de que estábamos hablando de Open Data y pensando únicamente en datos cuantitativos. Y esto no es necesariamente verdadero. Alguna vez, frente a la Open Data, los tecnoantropólogos hemos reaccionado reivindicando una Thick Data, datos densos, significativos, datos etnográficos. Es decir, puestos a abrir los datos, podemos abrir tanto los datos estadístcios como los contenidos textuales. La Open Data, pues, también puede ser cualitativa. Puede haber una Qualitative Open Data y, en realidad, una Qualitative Open Data resulta fundamental cuando estamos hablando de información que tenga relevancia a escala local, pensando en el uso que de ella puedan hacer los ciudadanos en sus vidas cotidianas personales, sociales, laborales o profesionales.

¿Cómo llegamos a esta conclusión? Estábamos discutiendo sobre un nuevo proyecto financiado por la UE, el OpenData4Citizens y en el que intervienen varios países. El kick off de este proyecto empieza el mes de abril. Los impulsores de este proyecto ponían el énfasis en la apertura de los datos. Sin embargo, algunos, desde la experiencia del análisis de contenidos, replicábamos que de poco sirve tener datos si, luego, no hay manera de extraer nada útil de ellos. Además, añadíamos, ¿Cuál podría ser el valor real de acceder a bancos de datos generados por la administración para un ciudadano? Hemos vivido tantas experiencias de datos inútiles puestos a disposición del mundo, que nos rebelábamos ante la idea de una Open Data simplista e ingenua. Si el argumento del proyecto es ayudar a los ciudadanos en algo, tenemos que partir no d los datos, sino de los ciudadanos. ¿Y para qué quieren datos los ciudadanos? Hagamos el ejercicio de contextualizar. ¿Quienes son los ciudadanos? El tendero del mercado, el propietario de la tienda de bolsos que está a punto de cerrar, el profesor de escuela implicado en la cultura digital, el monitor de un centro de jóvenes que prepara los campamentos de verano, el programador de actividades de un centro cívico, el funcionario del ayuntamiento de barrio encargado de dinamizar el tejido asociativo, el presidente de una asociación de, por ejemplo, pintores o músicos o amigos de los trenes, el responsable de la biblioteca del instituto de secundaria, el padre, la madre, el hijo, el estudiante, el que anda por la calle o hace gimnasia en el parque, el comprador, el vendedor, el usuario del Centro de Asistencia Primaria… Los ciudadanos son las identidades y los roles que desempeñan las personas (por lo menos desde una perspectiva antropológica). Por lo tanto, una Open Data para los Ciudadanos debería ser un instrumento que ayude a estos roles e identidades a ser lo que son y a hacer lo que hacen.

Una Open Data Top-Down, para nosotros, resultaba criticable. Tiene escaso sentido en la escala local. No se trata de volcar datos en Internet, aunque estén algo indexados. Hacer públicas las bases de datos de administraciones, investigadores y otros puede ser una acción quizás encomiable desde la perspectiva de la cultura de la apertura y la transparencia, pero si estos datos carecen de interés, no están optimizados, ordenados, indexados y no se acompañan de herramientas para su explotación y aplicación, estamos ante un simulacro de servicio. El destinatario de la Open Data deben ser los ciudadanos, no el mundo digital. La Open Data no debería ser un fin en sí mismo.

Por lo tanto, si de verdad estamos pensando en los ciudadanos habría que hacer algo distinto. Habría que conocer qué necesidades de información tiene la gente a escala local y, a partir de ahí, solicitar el tipo de datos que necesitan para mejorar el desempeño y la calidad de su vida cotidiana. Por ejemplo, la chica sin estudios que quiere quiere montar una peluquería para ganarse la vida y no se puede costear un estudio de mercado ni de imagen, quizás estaría encantada de poder consultar una web que le permitiera localizar el mejor lugar para ubicar su peluquería en su barrio y encontrar pistas para decidir el aspecto de su tienda y los productos que podría ofrecer a sus futuros clientes. Cualquiera de los perfiles locales mencionados dos párrafos más arriba serían candidatos a explicar sus necesidades. Habría que hacer una Etnografía de las Necesidades de los Ciudadanos en los Barrios para saber qué información necesitan y para requerir a quienes van a abrir sus datos, los tipos de datos y qué quieren hacer con ellos. Y, luego, tratando de resolver algunos de estos casos desde el principio hasta el fin, habría que ir modelando la estructura de estos espacios que se ofrecen abiertos al ciudadano. De otra manera, sucede lo que tantas veces sucede: magníficos aeropuertos sin aviones, lujosos trenes de alta velocidad sin pasajeros, costosos archivos digitalizados que jamás se van a utilizar. ¿Es esto lo que queremos para el mundo de la Open Data? ¿Datos y datos sin usuarios? ¿Datos que están ahí, abiertos, pero sin usuarios? Si se hace hay que hacerlo bien. No se vale esto de ‘Yo ya he puesto los datos’ ahora te toca a ti. Esto sería como darle un volante, un sillón, unas ruedas y un bidón de gasolina al usuario y decirle ‘Anda conduce’. Todos sabemos que no va a conducir en estas condiciones. Por lo tanto, ahí hay engaño y esto no puede ser.

A partir de ahí nos planteamos qué tipos de datos esperan los ciudadanos y nos percatamos de que no son precisamente datos numéricos los que espera el ciudadano sino consejos, conocimientos, experiencias y conceptos con los que pueda pensar y que, a continuación, pueda aplicar. El ciudadano, por ejemplo, no quiere saber la densidad del flujo en las calles de Barcelona, quiere saber si aquel día saliendo a tal hora de su casa va a llegar puntual al trabajo. No se descargará una base de datos para analizar las tendencias del tránsito o visualizar la disponibilidad de las zonas azules o verdes para aparcar en el Área Metropolitana de Barcelona. Quiere saber si el recorrido que prevé hacer aquél día será fluido o le resultará un calvario. Quiere saber si acierta en sus decisiones. Querrá saber cosas como si en aquella calle en la que ahora se encuentra y está pensando en aparcar en doble fila para descargar algo tiene un riesgo real de que le multen. El ciudadano local no pide sólo números quiere, sobretodo, conocimientos y experiencias.

El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, dentro del Plan de Actuación Municipal 2016-2019, está impulsando iniciativas participativas a nivel de ciudad organizadas por distritos. Entre ellas la plataforma Decidim Barcelona, una plataforma en la que se fomenta un diálogo entre el soporte ciudadano a las propuestas del Ayuntamiento y las propuestas de los ciudadanos. Las intervenciones de los ciudadanos también son Datos Abiertos. Está abierto el tipo de información que el Ayuntamiento necesita del ciudadano para mejorar la gobernanza de la ciudad. Pero ¿en qué plataforma están las recomendaciones que necesitan los ciudadanos? ¿Dónde se encuentran las devoluciones del Ayuntamiento a la información y experiencias que comparten los ciudadanos con la institución que los representa? Esto es algo que los ciudadanos también necesitan en su día a día. Información para decidir ellos sus cosas, al igual que hace el Ayuntamiento con las suyas. Aquí haría falta un trabajo de coordinación de los muchos foros, blogs y espacios de interacción en los que los ciudadanos comparten sus experiencias y conocimientos.  La Open Data que necesita el ciudadano no es tanto una Open Data numérica sino una que le aporte síntesis y guías de muchos datos que ya están en Internet y que la escala personal y humana tiene dificultades para procesar. Esto sería una verdadera Open Data for Citizens, una Open Data no solo estadística sino cualitativa., una Open Data de ayuda al ciudadano, no para el estadista o el investigador académico. El ciudadano no necesita demasiadas tablas con datos o listas con información, sino bancos de conocimientos tipificados y de saberes surgidos de las experiencias de sus conciudadanos.

Como es habitual, el camino a recorrer es muy largo. Pero, en aquél debate que duró más de dos horas por lo menos hicimos algunas conexiones que nos habían pasado desapercibidas. Y aquí están, compartidas con el mundo mundial.

¡Gracias a todo/as por aquél magnífico debate!

La tecnoantropología en el mundo de la innovación

Después de la publicación del primer libro sobre Casos de Tecnoantropología organizamos un seminario de Tecnoantropología con el CONACYT y la Colegio de la Frontera Norte (COLEF) en Tijuana, México, y posteriormente, un Foro de Tecnoantropología con la Escuela de Ciencias de la Ingeniería y Tecnología (ECITEC). Los materiales que allí se presentaron y debatieron en las jornadas  han servido de base apara dos nuevos proyectos editoriales. Uno de ellos, para un libro sobre Fundamentos de la Tecnoantropología y, otros, para un libro de Proyectos de Aplicaciones de la Tecnoantropología. Los títulos de los libros están por decidir pero, juntos, constituyen una trilogía de esta especialidad.

En mi contribución he preparado un capítulo sobre la profesión de tecnoantropólogo en el que he propuesto un marco de referencia de la profesión para ordenar las distintas intervenciones de los tecnoantropólogos en el mundo de la innovación. El marco es el siguiente:

A. Sectores de aplicación

  • a. La Tecnoantropología en el sector privado
  • b. La Tecnoantropología en el sector público
  • c. La Tecnoantropología en el tercer sector
  • c. La Tecnoantropología en el sector estratégico

B. Misiones de la tecnoantropología

  • a. Identificar necesidades tecnoculturales y fomentar la demanda tecnocultural
  • b. Fomentar una innovación centrada en los usuarios y socializar la tecnología
  • c. Fomentar la cultura y la sociedad digital, la sociedad del conocimiento, la cultura de la innovación y el consumo responsable de nuevas tecnologías
  • d. Diseñar la sociedad de la innovación

C. Tareas de la Tecnoantropología

  • a. Diseño, gestión y coordinación de proyectos
  • b. Investigación con usuarios o ciudadanos en proyectos
  • c. Diseño de conceptos, escenarios, ecosistemas, organizaciones y procesos tecnoculturales.

D. Estudios de Tecnoantropología

  • Sobre el mundo de la innovación
  • Sobre la cultura material
  • Sobre el sentido y usos de la Tecnoantropología
  • Sobre la Tecnocultura y sus conceptos
  • Sobre las herramientas y métodos de la Tecnoantropología
  • Sobre los usuarios de la tecnología
  • Sobre el diseño de culturas sintéticas
  • Etc.

Los ‘sectores’ cubren las áreas de intervención en las que participan distintos tecnoantropólogos. Las ‘misiones’, las responsabilidades que asumen en sus distintos niveles de intervención. Las ‘tareas’ son los tipos de concreciones prácticas que plasman su actividad y, los ‘estudios’, los tipos de contenidos y reflexiones que, en general, preocupan a los tecnoantropólogos.

“FORO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN 2016: TECNO-ANTROPOLOGÍA”

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Entre los días 11 y 13 de enero del 2016 ha tenido lugar el Foro Internacional de Investigación 2016: Tecno-Antropología en la Escuela de Ciencias de la Ingeniería y Tecnología (ECITEC), Unidad Valle de las Palmas, Universidad Autónoma de Baja California, México, en colaboración con el CONACYT y el Colegio de la Frontera Norte. Agradecemos a  Max Matus y Evrvey Leonel Hernandez la organización del evento.  En este foro ingenieros y algunos tecnoantropólogos (Max Matus, Iñaki Martin y Jordi Colobrans) debatimos sobre los principios, perspectivas y métodos de la tecnoantropología como profesión.

¿Todos somos managers? ¿Y también diseñadores?

Pensando en la tecnoantropología como profesión (II)

En el último post llegaba a una conclusión curiosa: No hay una verdadera oposición entre ciencia y tecnología, sino maneras de hacer ingeniería. Las ciencias y las humanidades son conocimientos que se apegan a las soluciones tecnológicas para hacerlas, además de prácticas, significativas. El ser humano es un ingeniero y ha sobrevivido en el mundo y en la sociedad haciendo de ingeniero. Pero esta ingeniería no sólo se aplica a las cosas sino, y también, a las palabras. Visto así, incluso un teólogo es un ingeniero. Sus reflexiones metafísicas son, igualmente, el fruto de un procedimiento ingeniero. Quizás no construya una catedral, pero cuando construye un argumento en favor del significado de la vida está, sin duda, haciendo ingeniería con las palabras. El esfuerzo de sobrevivir en el mundo requiere al ser humano un continuo acto de ingeniería, sea cual sea su escala de aplicación. Ser humano es ser ingeniero. Cuando lleno una cuchara con sopa y me la llevo a la boca sin derramarla, estoy haciendo de ingeniero, no de científico.

Hoy añado una coletilla. No solo todos somos ingenieros y nuestra vida ha sido ingeniada en lo físico, lo social y lo simbólico sino que, además, todos somos managers, somos gestores de nuestro ser y de nuestro estar. El razonamiento es el mismo. No podemos dejar de organizarnos para poder vivir en el mundo. Hagamos lo que hagamos estamos todo el día gestionando nuestra vida. Incluso, cuando aparentemente no hacemos nada, sí que hacemos, estamos no-haciendo algo. De la misma manera que los comunicólogos de Palo Alto insistieron en que por el hecho de estar vivos y de percibir no podemos nunca dejar de comunicar, tampoco podemos dejar de hacer, porque, hagamos o no hagamos, seguimos siendo y, si somos,  lo que no podemos, es dejar de ser mientras somos. Visto así, el dilema filosófico del ‘ser o no ser’ que tanta tinta ha consumido carece, en realidad, de sentido. Es una falacia. Mientras sigamos con vida no podremos dejar de ser ni de estar. No podremos dejar de manejar nuestra realidad ingeniera porque, desde el momento que tenemos consciencia de nuestra interacción con el mundo no podemos dejar de administrarlo. Podremos manejar la realidad que nos rodea con mayor o menor grado de planificación, organización, capacidad de mando y herramientas de control pero, por el simple hecho de ser y estar en el mundo con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra consciencia, ya somos managers. El cuerpo que se mueve con la ayuda de la mente nos hace ingenieros. La consciencia nos hace ser managers.

Somos ingenieros y somos managers. ¿Somos también diseñadores? Yo diría que también. Nos pasamos el día tratando de manejar y de gestionar nuestra vida, y, con frecuencia, la de los otros. Por el simple hecho de querer algo y hacer algo para conseguir lo que queremos estamos planificando como vamos a emplear nuestro ingenio y, al hacerlo, estamos manejando recursos más o menos abundantes. Si esto tiene una forma, sea cual sea su grado de definición, esta forma es un diseño. Por lo tanto, al manejar nuestras competencias ingenieras estamos diseñando nuestro futuro. Será más cercano o lejano, será el resultado de un proceso más o menos consciente, pero por el simple hecho de proyectar estamos haciendo un acto de diseño, o mejor aún, de designio. Somos diseñadores pero no por adopción, sino porque estamos interpretando continuamente nuestra experiencia y re-diseñando nuestra concepción del mundo cada vez que añadimos información y conocimientos a nuestra memoria. Desde el momento que nos comunicamos tampoco podemos dejar de diseñar.

Entonces, si resulta que somos ingenieros, managers y diseñadores ¿por qué en la académica aún se enseña que los antropólogos son científicos y no ingenieros? Al querer hacer ciencia contraponiéndola a la ingeniera, el management y el diseño se confunden los términos. Y, al confundir los términos, se acaban haciendo juicios de valor sobre la naturaleza de la profesión que recuerdan la pretendida antinomia medieval entre filósofos (o teólogos) y artesanos. 

Puede que el lector de este blog se pregunte ¿Cuál es el por qué de estos dos últimos posts sobre  identidad en un blog de tecnoantropología? Pues, que hablando con los tecnoantropólogos al final resulta que nos consideramos más ingenieros, managers y diseñadores que ‘científicos’. Analizamos e interpretamos el mundo para construir algo distinto a él, ya tenga forma de cosa, de relación o de idea. Una teoría científica es una obra de ingeniería, tiene un diseño y sirve para manejar el mundo en el que vivimos. Si esto es así, parece que la ciencia no es lo que pretende ser. Atendiendo a los resultados,  lo que hacemos los tecnoantropólogos es más ingeniería que ‘ciencia’. Sin embargo, estamos demasiado acostumbrados a dar por innegable el estatuto de la ciencia den nuestra profesión. Pero, los tecnoantropólogos con los que me relaciono, no tenemos ningún problema en pensar nuestra actividad como ingeniera. Y, con frecuencia, coincidimos en que los tecnonatropólogos deberíamos estas más próximos a las universidades politécnicas que a las científicas.

Big Data, Medium Data, Thick Data y experiencia humana

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¿Por qué hablar de una Thick Data (información densa, etnográfica) cuando parece que la Big Data es la solución a (los) problema de la humanidad en un mundo globalizado?

La Big Data es el nombre que se ha dado a una nueva generación de datos que se incorporan al mundo digital de manera masiva. El volumen de estos datos es inmenso, pero, deben procesarse a velocidades formidables. Ahí empieza el reto de la Big Data y ahí se distingue de los sistemas informáticos habituales que han estado generando, almacenando, analizando y visualizando datos a otras magnitudes y velocidades. Los que hablan de Big Data son las Agencias Nacionales de Seguridad, como la ANS en los US, las grandes corporaciones como Microsoft, Google, eBay, Amazon, Facebook, los bancos y entidades financieras, las grandes ciudades, los grandes proyectos científicos como el del genoma humano, la meteorología o el rastreo del espacio. Se diría que la Big Data es la herramienta que utiliza el mundo globalizado para globalizarse cada vez más.

Pero hay otros que también hablan de Big Data en una escala no (tan) global. Son todos aquellos que generan o acceden nuevos tipos de datos procedentes de la Internet de las Cosas y sus aparatos inteligentes (Smart Technologies) y necesitan procesar la información en tiempo real para dar feedback a los usuarios. Se trata de emprendedores, empresas tecnológicas que, por ejemplo, crean plataformas o apps para móvil, o wearables y todo tipo de sensores que detectan cambios en el estado de las cosas o fenómenos y generan multitud de datos. La naturaleza de esta información no es la misma que la de la Big Data, sin embargo, emplean el término porque se ha popularizado y tiene cierto atractivo comercial. Y, como responde a una necesidad real de conocer al usuario, al consumidor o al ciudadano para tomar decisiones con mayor conocimiento de causa, se ha creado un entorno en el que la Big Data significa más que Data pero menos que la Big Data de las grandes multinacionales. Es decir, se le podría llamar una Medium Data y así habría un poco más de realismo y un poco menos de pretensión. En común con la Big Data tendría el hecho de que no se analiza una muestra de los datos, sino la totalidad, y que se analizan en tiempo real. Otra característica que compartiría la Medium Data, aunque no siempre, sería que fusionan datos de distinta naturaleza (texto, imagen, video, audio). La diferencia la hallaríamos en el volumen de datos que manejan y la complejidad del análisis que hacen de los datos. Pero, un problema común a ambos es el la veracidad de los datos. ¿Sobre qué datos se lleva a cabo el análisis? ¿Qué datos son estos? ¿Son suficientes para garantizar un conocimiento de lo que sucede al otro lado del mundo digital? Los datos cuantitativos proporcionan información sobre determinados fenómenos, por ejemplo, sobre la trazabilidad de la conducta de un usuario dentro de una plataforma que, al cruzar datos, pueden prioporcionar una cierta predictibilidad. Pero, ¿hay alguna manera de conocer mas a pesar de la Big Data y la Medium Data? ¿Se podría se más veraz?

Etnografía y Thick Data

La relación entre la estadística y la etnografía no es de oposición, sino de complementariedad. La estadística proporciona datos numéricos, cuantitativos, sobre distribución de conductas o de declaraciones de una población determinada. La etnografía, en cambio, proporciona información contextual. El trabajo de campo etnográfico es intensivo. Observa sobre el terreno, entrevista a los informantes en profundidad, participa activamente de las actividades de la comunidad para empatizar con sus miembros y comprender su experiencias e interpretaciones y, a veces, los confronta activamente con situaciones y escenarios retadores para entender mejor cómo piensan las personas y qué razones dan a su conducta. La estadística busca explicaciones mientras que la etnografía busca comprender, interpretar y, en definitiva, introducirse en el mundo de los conceptos, significados y experiencias vividas por las personas y que emplean para dar sentido a sus vidas. A este sentido los antropólogos le llaman cultura y, en este sentido, explican los fenómenos sociales utilizando el término cultura; culturas ingenieras, culturas informáticas, tecnoculturas, cultura del trabajo, de la eficiencia, del ocio o cultura de las setas cuando la información que proporcionan tiene que ver con la organización, las relaciones, los objetos y el sentido de esta práctica recolectora. Para conocer y entender las culturas los antropólogos acostumbran a utilizar una de sus herramientas favoritas, la etnografía. ¿Cómo pueden cooperar la estadística, los sistemas complejos y la etnografía?

La difusión de la Internet de las Cosas con su innumerables apps que registran la actividad humana está introduciendo un tipo de conocimiento sobre el cuerpo y la conducta que nunca antes se había tenido a disposición. La geolocalización permite mapear el desplazamiento y la permanencia de los cuerpos en el espacio y el tiempo. Los sensores corporales pueden captar y registrar señales del cuerpo humano de manera continua y registrar sus cambio, incluso los cambios de humor pueden ser monitorizados. Pero ¿Qué se puede hacer con todos estos datos? física social como propone Alex Pentland en su libro Social Physics? ¿Un mundo mejor como proponen Nathan Eagle y Kate Greene en su libro Reality Mining? ¿Incrementar las ventas? ¿Disminuir riesgos? ¿Economizar energía? ¿Recomendar oportunidades o tendencias? ¿Prever escenarios o desenlaces problemáticos? ¿Predecir crisis sanitarias? ¿Tomar decisiones? ¿Ser más eficientes o productivos? ¿Educar, comunicar o socializar mejor? ¿Lograr una política más transparente? En la actualidad abundan las promesas sobre las bondades y posibilidades de la Big Data y sus analíticas de un mundo smart(izado).

Sin embargo, desde el punto de vista de la comprensión de la experiencia humana, a la Big Data y mucho más a la Medium Data, le falta algo. La Big Data y la Medium Data debería estar contrapesadas por una Thick Data, por una información ‘densa’ en el sentido que le dio Clifford Geertz en The Interpretation of Cultures. Una cosa es tener la posibilidad de, por ejemplo, trazar la experiencia humana pero otra es entender relacionar los datos numéricos y las visualizaciones con significados. Los análisis de la Big y la Medium Data deben ser interpretados y, para ayudar a ello, la información numérica debería ser correlacionada con información con rostro y voz humana, con información ‘densa’ (Thick Data) que proporcione otros sentidos a los datos analíticos. Podemos, por ejemplo, monitorizar a un grupo de excursionistas y trazar sus desplazamientos y permanencias en el transcurso de una travesía. ¿Cómo explicamos sus cambios de ritmo? ¿Por qué en un determinado lugar, si seguían una ruta señalizada, cambiaron de dirección? ¿Se perdieron, fueron a ver alguna cosa o fueron a esconder un tesoro? ¿Por qué había zonas por las que transitaban tan lentamente sin que fuera subida o bajada? ¿Acaso estaba enfangado el terreno? ¿Acaso había animales sueltos y tenían que avanzar con precaución? ¿Acaso estaban recogiendo castañas del suelo? ¿Buscaban setas? ¿Insectos? ¿Muestras de tierra? ¿Acaso alguien se había lesionado y demoraba el grupo? ¿O había niños jugando? Estas experiencias cotidianas, contrariamente a lo que se podría pensar, no son infinitas, pero, para conocerlas hay que documentarlas sobre el terreno. Hay que reunir información etnográfica que, por lo menos al principio de los usos de una aplicación de tales características proporcione pistas sobre cómo interpretar los datos analíticos. Una vez los analistas dispongan de una ‘cartera de interpretaciones’, podrán releer la información proporcionada por este tipo de aplicaciones y, dado el caso, sabremos si hay que enviar a un equipo de rescate o encontrarnos con ellos a una determinada hora en el restaurante que hay al lado de un santuario cercano al final del camino. 

Por lo tanto, aquí hay una tarea de antropólogos y tecnoantropólogos por hacer. La Thick Data proporciona a los emprendedores insights acerca de los usos reales de sus aplicaciones, plataformas y aparatos inteligentes. Con lo cual, la Thick Data acaba proporcionando una ‘cartera’ o ‘banco’ de explicaciones que pueden ayudar a los interpretes de las analíticas de la Big y Medium Data a añadir una dimensión significativa a sus analíticas. Por otro lado, y llevando la etnografía un poco más allá de la simple descripción contextual, se pueden recopilar requerimientos específicos que hacen los usuarios de tales tecnologías durante su uso.

Artículos de interés

Burrell, Jenna (2012) The Ethnographer’s Complete Guide to Big Data: Small Data People in a Big Data World (part 1 of 3). En Ethnography Matters. Disponible en http://ethnographymatters.net/blog/2012/05/28/small-data-people-in-a-big-data-world/

Wang, Tricia (2013) Big Data Needs Thick Data. En Ethnography Matters. Disponible en http://ethnographymatters.net/blog/2013/05/13/big-data-needs-thick-data/

Nova, Nicolas (2013): Ethnomining and the combination of qualitative & quantitative data. En Ethnography Matters. Disponible en http://ethnographymatters.net/blog/2013/04/02/april-2013-ethnomining-and-the-combination-of-qualitative-quantitative-data/ 

Madsbjerg, Christian And  Rasmussen, Mikkel B. (2014) The Power of ‘Thick’ Data Businesses need to know how a product or service fits into the emotional lives of their customers. En The Wall Street Journal. Disponible en http://www.wsj.com/articles/SB10001424052702304256404579449254114659882 

Proyectos de Tecnoantropología y proyectos de investigación social

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Los proyectos de tecnoantropología son distintos de los de la antropología social o cultural, o de los de la sociología académica. El esquema de un proyecto académico, una tesis en ciencias sociales, el de una monografía o el de un informe de campo, pasa por una serie de etapas delimitadas:

  1. Elaboración de la propuesta,
  2. Recopilación de datos,
  3. Análisis e interpretación, y,
  4. Redacción de la monografía, el artículo o informe.

Ver los manuales de investigación en Ciencias Sociales (por ejemplo el clásico de Raymond Quivy y Luc van Campenhoudt, o mi libro: El Doctorando Organizado sobre como hacer una tesis en ciencias sociales y no morir en el intento.

Sin embargo los proyectos de tecnoantropología están relacionados con el mundo de la innovación, son interdisciplinarios y, por lo tanto, tienen otra complejidad. Siguen un esquema distinto, un esquema típico de los proyectos de I+D+i.

Las etapas de un proyecto de I+D+i varían en función del tipo proyecto y del grado de desarrollo de la necesidad, la idea, el concepto o el producto. Sin embargo un proyecto de I+D+i en el que intervienen las TIC para crear algún producto o servicio tecno-cultural, y que empiece desde cero, acostumbran a seguir un patrón parecido al siguiente:

  1. Fase de exploración de las necesidades (y oportunidades)
  2. Fase creativa (ideación y conceptuación del producto o servicio)
  3. Fase de diseño (o co-diseño con los usuarios, a veces incluida en la fase creativa)
  4. Fase de desarrollo (incluye desarrollo de prototipos y pruebas de validación)
  5. Fase piloto
  6. Fase de producción
  7. Fase de implementación
  8. Fase de impulsión y comunicación
  9. Fase de impacto y evaluación el proyecto

Dentro de este esquema, la tecnoantropología aporta valor al proyecto de I+D+i en varios momentos del proceso. “Aportar valor” aquí significa realizar trabajo de campo y generar informes que sirven para que los distintos agentes que participan en el proyecto puedan hacer su trabajo (o mejorarlo).

En la fase de exploración de las necesidades la tecnoantropología, a través del trabajo de campo, aporta informes etnográficos sobre las necesidades de determinados colectivos. Por ejemplo, ¿qué necesidades tiene la gente de edad en sus desplazamientos cotidianos?

En la fase creativa, tecnoantropólogos, diseñadores e investigadores de mercado, incluso los mismos ingenieros o responsables de organizaciones, cooperan en la identificación y en hacer explícitas de las ideas y conceptos que tienen o utilizan determinados colectivos (por ejemplo, mediante la etnografía), o generando escenarios (por ejemplo mediante talleres-laboratorio) que impulsen la creatividad de los usuarios o colectivos implicados en el proyecto. (Por ejemplo, ¿Qué ideas nos ayudan a pensar en una solución a estas necesidades?)

En la fase de diseño, los tecnoantropólogos ayudan a los diseñadores, y a veces a los desarrolladores polifacéticos y a la gente de marketing, explorando el impacto de los esbozos, croquis, apuntes y, en definitiva, toda clase de propuesta sobre papel o maqueta que servirá para adecuar la propuesta del diseño a las necesidades reales de los usuarios. A medida que se avanza en esta fase y se suceden las versiones del diseño y se enriquecen las propuestas con el feedback de los usuarios, el diseño va madurando. La tecnoantropología interviene directamente gestionando el impacto de estas propuestas y las valoraciones y requerimientos de los usuarios sobre el diseño o los usos potenciales o esperados del diseño que se va generando (¿Cuáles son los requerimientos que hacen los usuarios a la tecnología?). Con frecuencia a este tipo de investigación se le llama User Experience Research y se definen escenarios y casos de uso, procesos, etc.

En la fase de desarrollo, los diseñadores trabajan con los desarrolladores y, ambos, trabajan con los tecnoantropólogos. El diseñador debe asegurarse de que el desarrollador interprete correctamente los diseños. Aquí se inicia un diálogo entre el diseñador y el desarrollador. El resultado de este diálogo es la creación de un primer prototipo. Sin embargo este prototipo debe explorarse i validarse. Esto se hace con la ayuda de los usuarios. En este punto los tecnoantropólogos vuelven a intervenir en lo que se llama User Experience Research y pruebas de usabilidad. Generalmente los diseñadores, y a veces los desarrolladores están interesados en participar en los talleres, entrevistas y actividades que permiten conocer la experiencia y las impresiones de los usuarios. Durante la fase de desarrollo los prototipos se suceden hasta alcanzar una cierta madurez (¿Satisface las expectativas de los usuarios?) Cuando esto sucede se procede a realizar el piloto. El piloto es una prueba en la que se trabaja con un prototipo avanzado y en el que se reproducen las condiciones reales del uso de la tecnología. El piloto es una especie de prueba de fuego del producto o servicio.

En la fase piloto hay una fuerte presión tecnológica. Sin embargo, los tecnoantropólogos son quienes recuerdan a la tecnología que además de la funcionalidad los productos o servicios deben tener usabilidad (usability) y satisfacer realmente las necesidades de los usuarios. Una vez terminado el piloto, se pule el desarrollo del producto. Si es necesario se realiza un segundo y un tercer piloto. (¿Funciona, proporciona la solución esperada?) Cuando el desarrollo está maduro, entonces se envía a producción.

En la fase de producción los tecnoantropológos y los diseñadores no intervienen.

En la fase de implantación aparecen los técnicos instaladores. Aquí los tecnoantropólogos acostumbran a intervenir acompañando a los técnicos y haciendo el seguimiento de los usuarios en su primer contacto con la solución tecnológica. Estas primeras impresiones de los usuarios son importantes porque son únicas.

En la fase de impulsión y comunicación los tecnoantropólogos asesoran a los de marketing y comunicación y realizan investigaciones puntuales sobre determinados aspectos de los productos y servicios que podrían ser promocionados en las campañas de comunicación (publicidad, periodismo, relaciones públicas). Los tecnoantropólogos deben transmitir a los comunicólogos su conocimiento sobre la experiencia de los usuarios para facilitar el encaje de la comunicación con las necesidades de los usuarios.

Finalmente, en la fase de impacto y evaluación, los tecnoantropólogos, estudian el impacto social de la tecnología e informan de las interacciones, situaciones, usos, usos inesperados de la tecnología y recaban información útil para la segunda versión del producto o servicio y aumentar el grado de satisfacción de los usuarios. En cuanto a la evaluación del proyecto, al haber estado presentes a lo largo del proceso desde el inicio, los tecnoantropólogos, por su continua transversalidad e interdisciplinariedad, han adquirido una visión de conjunto del proyecto y están bien preparados para ocuparse de hacer (o participa activamente) en la valoración y evaluación de los resultados del proyecto y de las dinámicas que se han producido. Su informe sirve para incrementar la calidad del siguiente proyecto de innovación.

 

Por lo tanto, vemos que el esquema clásico de investigación en ciencias sociales lo que hace es adaptarse a cada una de las fases del proyecto de I+D+i. La estructura clásica de: planteamiento del proyecto, recopilación, análisis e interpretación de datos, e informe es una estructura que se repite en cada una de las fases y actividades que los tecnoantropólogos realizan en un proyecto de innovación. Es decir, la estructura de investigación académica queda asumida en una estructura de proyecto de I+D+i. Por lo tanto, cuando los científicos sociales plantean un proyecto de innovación deberían pensar en la estructura de los proyectos de innovación, no en la de las actividades de investigación social dentro de los proyectos de I+D+i. Su herramientas tiene sentido dentro del proyecto de I+D+i, pero no para concebir los proyectos de I+D+i.

Sin embargo, esta observación no significa que los científicos sociales no puedan plantear proyectos de I+D+i, sólo que deben utilizar el esquema apropiado cuando se dedican a tal menester. Precisamente su perspectiva holística y comprensiva de la realidad tecno-social pueden ser un poderoso activo que garantice que los proyectos de I+D+i avancen adecuadamente hacia su resolución teniendo en cuenta las dos fuerzas fundamentales del cambio: la tecnificación de la experiencia humana y la socialización de la tecnología.