Qualitative Open Data

QualitativeOpenData

El jueves 17 de marzo tuvimos una reunión del Grupo de Diseño de Ecosistemas Tecnoculturales (UB-i2CAT) en el i2CAT. A la reunión asistimos Artur Serra, Marc Aguilar, Cristina Nieto y Jordi Colobrans. En un momento dado hicimos una conexión. Funcione este post como Acta de la Reunión.

La narrativa actual sobre la Open Data pone el énfasis en la dimensión cuantitativa de los datos. Se supone que los datos a los que hay que acceder son fundamentalmente de origen estadísticos. ¿Por qué es así y no de otra manera? ¿Por qué no es habitual aún pensar en una Open Data Cualitativa?

Estábamos reflexionando sobre el acceso y el uso de los datos abiertos y salía el tema de la Big Data. En un momento dado, caímos en la cuenta de que estábamos hablando de Open Data y pensando únicamente en datos cuantitativos. Y esto no es necesariamente verdadero. Alguna vez, frente a la Open Data, los tecnoantropólogos hemos reaccionado reivindicando una Thick Data, datos densos, significativos, datos etnográficos. Es decir, puestos a abrir los datos, podemos abrir tanto los datos estadístcios como los contenidos textuales. La Open Data, pues, también puede ser cualitativa. Puede haber una Qualitative Open Data y, en realidad, una Qualitative Open Data resulta fundamental cuando estamos hablando de información que tenga relevancia a escala local, pensando en el uso que de ella puedan hacer los ciudadanos en sus vidas cotidianas personales, sociales, laborales o profesionales.

¿Cómo llegamos a esta conclusión? Estábamos discutiendo sobre un nuevo proyecto financiado por la UE, el OpenData4Citizens y en el que intervienen varios países. El kick off de este proyecto empieza el mes de abril. Los impulsores de este proyecto ponían el énfasis en la apertura de los datos. Sin embargo, algunos, desde la experiencia del análisis de contenidos, replicábamos que de poco sirve tener datos si, luego, no hay manera de extraer nada útil de ellos. Además, añadíamos, ¿Cuál podría ser el valor real de acceder a bancos de datos generados por la administración para un ciudadano? Hemos vivido tantas experiencias de datos inútiles puestos a disposición del mundo, que nos rebelábamos ante la idea de una Open Data simplista e ingenua. Si el argumento del proyecto es ayudar a los ciudadanos en algo, tenemos que partir no d los datos, sino de los ciudadanos. ¿Y para qué quieren datos los ciudadanos? Hagamos el ejercicio de contextualizar. ¿Quienes son los ciudadanos? El tendero del mercado, el propietario de la tienda de bolsos que está a punto de cerrar, el profesor de escuela implicado en la cultura digital, el monitor de un centro de jóvenes que prepara los campamentos de verano, el programador de actividades de un centro cívico, el funcionario del ayuntamiento de barrio encargado de dinamizar el tejido asociativo, el presidente de una asociación de, por ejemplo, pintores o músicos o amigos de los trenes, el responsable de la biblioteca del instituto de secundaria, el padre, la madre, el hijo, el estudiante, el que anda por la calle o hace gimnasia en el parque, el comprador, el vendedor, el usuario del Centro de Asistencia Primaria… Los ciudadanos son las identidades y los roles que desempeñan las personas (por lo menos desde una perspectiva antropológica). Por lo tanto, una Open Data para los Ciudadanos debería ser un instrumento que ayude a estos roles e identidades a ser lo que son y a hacer lo que hacen.

Una Open Data Top-Down, para nosotros, resultaba criticable. Tiene escaso sentido en la escala local. No se trata de volcar datos en Internet, aunque estén algo indexados. Hacer públicas las bases de datos de administraciones, investigadores y otros puede ser una acción quizás encomiable desde la perspectiva de la cultura de la apertura y la transparencia, pero si estos datos carecen de interés, no están optimizados, ordenados, indexados y no se acompañan de herramientas para su explotación y aplicación, estamos ante un simulacro de servicio. El destinatario de la Open Data deben ser los ciudadanos, no el mundo digital. La Open Data no debería ser un fin en sí mismo.

Por lo tanto, si de verdad estamos pensando en los ciudadanos habría que hacer algo distinto. Habría que conocer qué necesidades de información tiene la gente a escala local y, a partir de ahí, solicitar el tipo de datos que necesitan para mejorar el desempeño y la calidad de su vida cotidiana. Por ejemplo, la chica sin estudios que quiere quiere montar una peluquería para ganarse la vida y no se puede costear un estudio de mercado ni de imagen, quizás estaría encantada de poder consultar una web que le permitiera localizar el mejor lugar para ubicar su peluquería en su barrio y encontrar pistas para decidir el aspecto de su tienda y los productos que podría ofrecer a sus futuros clientes. Cualquiera de los perfiles locales mencionados dos párrafos más arriba serían candidatos a explicar sus necesidades. Habría que hacer una Etnografía de las Necesidades de los Ciudadanos en los Barrios para saber qué información necesitan y para requerir a quienes van a abrir sus datos, los tipos de datos y qué quieren hacer con ellos. Y, luego, tratando de resolver algunos de estos casos desde el principio hasta el fin, habría que ir modelando la estructura de estos espacios que se ofrecen abiertos al ciudadano. De otra manera, sucede lo que tantas veces sucede: magníficos aeropuertos sin aviones, lujosos trenes de alta velocidad sin pasajeros, costosos archivos digitalizados que jamás se van a utilizar. ¿Es esto lo que queremos para el mundo de la Open Data? ¿Datos y datos sin usuarios? ¿Datos que están ahí, abiertos, pero sin usuarios? Si se hace hay que hacerlo bien. No se vale esto de ‘Yo ya he puesto los datos’ ahora te toca a ti. Esto sería como darle un volante, un sillón, unas ruedas y un bidón de gasolina al usuario y decirle ‘Anda conduce’. Todos sabemos que no va a conducir en estas condiciones. Por lo tanto, ahí hay engaño y esto no puede ser.

A partir de ahí nos planteamos qué tipos de datos esperan los ciudadanos y nos percatamos de que no son precisamente datos numéricos los que espera el ciudadano sino consejos, conocimientos, experiencias y conceptos con los que pueda pensar y que, a continuación, pueda aplicar. El ciudadano, por ejemplo, no quiere saber la densidad del flujo en las calles de Barcelona, quiere saber si aquel día saliendo a tal hora de su casa va a llegar puntual al trabajo. No se descargará una base de datos para analizar las tendencias del tránsito o visualizar la disponibilidad de las zonas azules o verdes para aparcar en el Área Metropolitana de Barcelona. Quiere saber si el recorrido que prevé hacer aquél día será fluido o le resultará un calvario. Quiere saber si acierta en sus decisiones. Querrá saber cosas como si en aquella calle en la que ahora se encuentra y está pensando en aparcar en doble fila para descargar algo tiene un riesgo real de que le multen. El ciudadano local no pide sólo números quiere, sobretodo, conocimientos y experiencias.

El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, dentro del Plan de Actuación Municipal 2016-2019, está impulsando iniciativas participativas a nivel de ciudad organizadas por distritos. Entre ellas la plataforma Decidim Barcelona, una plataforma en la que se fomenta un diálogo entre el soporte ciudadano a las propuestas del Ayuntamiento y las propuestas de los ciudadanos. Las intervenciones de los ciudadanos también son Datos Abiertos. Está abierto el tipo de información que el Ayuntamiento necesita del ciudadano para mejorar la gobernanza de la ciudad. Pero ¿en qué plataforma están las recomendaciones que necesitan los ciudadanos? ¿Dónde se encuentran las devoluciones del Ayuntamiento a la información y experiencias que comparten los ciudadanos con la institución que los representa? Esto es algo que los ciudadanos también necesitan en su día a día. Información para decidir ellos sus cosas, al igual que hace el Ayuntamiento con las suyas. Aquí haría falta un trabajo de coordinación de los muchos foros, blogs y espacios de interacción en los que los ciudadanos comparten sus experiencias y conocimientos.  La Open Data que necesita el ciudadano no es tanto una Open Data numérica sino una que le aporte síntesis y guías de muchos datos que ya están en Internet y que la escala personal y humana tiene dificultades para procesar. Esto sería una verdadera Open Data for Citizens, una Open Data no solo estadística sino cualitativa., una Open Data de ayuda al ciudadano, no para el estadista o el investigador académico. El ciudadano no necesita demasiadas tablas con datos o listas con información, sino bancos de conocimientos tipificados y de saberes surgidos de las experiencias de sus conciudadanos.

Como es habitual, el camino a recorrer es muy largo. Pero, en aquél debate que duró más de dos horas por lo menos hicimos algunas conexiones que nos habían pasado desapercibidas. Y aquí están, compartidas con el mundo mundial.

¡Gracias a todo/as por aquél magnífico debate!

De la Brecha Digital en Tiempos de la Open Data

Digital_Divide

En la foto: Research Report: Digital divide, nube de etiquetas generada desde el  Ultimate Research Assistant


Hace unos años cuando se empezó hablar de la brecha digital (Digital Divide) el significado de esta expresión era muy concreto. Hablar de brecha digital significaba plantear problemas y soluciones ante las dificultades que algunos colectivos tenían para disponer de tecnología para la computación y de acceso a Internet (1). la brecha digital fue la metáfora que se utilizó para llamar la atención y destacar un nuevo fenómeno: el desigual acceso a las herramientas del mundo digital y para plantear los riesgos de las nuevas formas que tomaba la desigualdad y la exclusión social ante el avance tecnológico. La tecnología ¿Tiene que servir para unir o para dividir y excluir? se preguntaron unos. Debería unir, respondieron otros. Ver l concepto clásico de brecha digital en una Infografia.

Para solventar este problema se llevaron a cabo varias iniciativas que proporcionaban acceso a ordenadores y conectividad a los ciudadanos, por ejemplo impulsando la creación de Telecentros (2) y otras iniciativas para el fomento de la sociedad del conocimiento y el fomento de la cultura digital a escala local. En Catalunya, se dio un caso singular, abrió sus puertas el Citilab de Cornellá en el 2007 con una magnífica sala de ordenadores abiertos al público, un atractivo programa de formación para el mundo digital y un ambicioso mapa de proyectos tecnoculturales (mapa del 2009). En el 2009, Vicens Badenes, su entonces director, observó que la frecuencia de visitas de los usuarios del Citilab a la sala de los ordenadores estaba disminuyendo. ¿Por qué sucedía esto? Se hizo un estudio de las motivaciones de sus usuarios y se descubrió que estaban dejando de acudir al Citilab porque, precisamente, al haber estado acudiendo al Citilab, manejando ordenadores conectados a Internet y descubierto sus posibilidades con la formación que se les ofrecía, se habían ido acostumbrando a ellos y, finalmente, habían decidido ir comprado su propio ordenador y dado de alta una conexión a Internet en casa. Los usuarios del Citilab ya no pedían acceso, pedían formación y proyectos en red para moverse en una sociedad que progresivamente se digitaliza. Aquella brecha se había desplazado. Ahora que tenían tecnología quería saber qué más podían hacer con ella.

En la actualidad en la UE se habla mucho de Big Data y de Smart Cities, de Open Data y de Open Government. Y ha ido emergiendo un movimiento de cultura abierta y cultura del común  (commons) que pide al gobierno y a las instituciones educativas financiadas con dinero público que haga públicas sus bancos de datos. ¿No ha sido con dinero público que se han generado estos datos?, se preguntan algunos, entonces públicos deben ser los datos en una sociedad de derecho, infieren. Detrás de esta demanda hay una exigencia latente de transparencia a la gestión pública y una cierta cultura de la sospecha hacia ciertas tradicions de gobernantes, además de la concepción discutible de que la información es un fin en sí misma. Una alternativa conciliadora de este enfoque sería ¿Cómo, al abrir los datos, los gobiernos podrían crear sinergías para mejorar la gobernabilidad con la ayuda de los ciudadanos? (4).

Supongamos que un proyecto de Open Data para los ciudadanos ha logrado sus objetivos y que tenemos millares de bancos de datos abiertos disponibles para hacer algo con ellos, lo que queramos. ¿Y ahora qué? ¿Cómo podría su publicación empoderar de alguna manera a los ciudadanos? ¿En qué ayuda esto, por ejemplo, a la gente de un barrio, distrito o población? ¿Y de una calle, de un edificio y de una casa? ¿O al miembro de una familia, a un estudiante, a un trabajador, a un tendero, a un empresario o funcionario local? ¿Quien sabe en la dimensión de la vida cotidiana del ciudadano cómo extraer algún conocimiento de aquella información? La minería de datos y la gestión de conocimientos es algo muy complicado. Más aún cuando las fuentes de la información son diversas. Se requieren no sólo conocimientos especializados sino tiempo y dinero. Si esto es así, tendremos datos abiertos pero el problema será otro. ¿Qué tienen que ver estos datos con los intereses reales de los ciudadanos? Aquí la brecha digital es otra. En tiempos de la Open Data los que saben analizar los datos tienen ventaja sobre los que no saben cómo. Hay otra brecha digital. Parece, pues, que la brecha avanza a medida que la sociedad va consiguiendo logros en el mundo digital.

Posiblemente con el tiempo aparecerán programas que reordenen, analicen e interpretan toda esta información en lenguaje natural y proporciones aplicaciones contextualizadas del conocimiento adquirido a los ciudadanos, a los colectivos, a las empresas, a las universidades y a la misma administración, y que la Big Data (o la Thinck Data) podrán ser explotadas para algo. Pero, para cuando esto suceda, la brecha digital se habrá desplazado a otro lugar. Esto es, precisamente, ir hacia el futuro, vivir en un mundo que se digitaliza. Para que la Open Data sea funcional no debe limitarse a ser un repositorio. El ciudadano no tienen tiempo para tratar con el banco de datos, necesita el sumario ejecutivo para poder tomar sus decisiones. Esto es una de las cosas que habría que pedir a la Open Data, los datos y algo para poder hacer algo con ella, de otra manera, la brecha digital para muchos personas seguirá ahí.

[1] Para una breve introducción a la historia de la brecha digital ver el post de Michale Rapaport (2009) A Short History of the Digital Divide , o el de  Kevin Bulger (2007) A brief history of digital divide

[2] Por ejemplo, ver Telecentre Europe, la red de Punt Tic en Catalunya, La Asociación Comunidad de Redes de Telecentros en España, o la TCF-Telecentre Foundation)

[3] Ver el post de Pamela Martineau (2015) Open Data Evolution: From Increasing Transparency to Engaging Citizens. Small, medium and large cities share how open data efforts are evolving in their communities

[4] Ver, por ejemplo, el programa del Center for Government Excellence (GovEx)