Conectar la investigación tecnocultural con las industrias creativas

Conectar la universidad con la empresa es una de aquellas tareas siempre necesarias pero que resultan difíciles de llevar a cabo. De una efectiva relación y transferencia de conocimiento entre la universidad y la empresa dependen tanto los servicios de prácticas universitarias, como las bolsas de trabajo para los graduados, como algunos contratos de investigación con grupos de investigación o contratos de compra o explotación de patentes resultado de la I+D universitaria con empresas.

La aproximación entre la universidad y la empresa es un reto recurrente en la actualidad. Se empezó a hablar de la “tercera misión de la universidad”  o de su contribución al emprendimiento y al crecimiento económico (ver el artículo de Bueno y Casani) al mismo tiempo que se impulsaba nueva generación de parques científicos y tecnológicos en Europa a partir de la década de los 90s. Esta nueva generación de parques científicos y tecnológicos partía de la idea que para impulsar una I+D+i efectiva debían crearse espacios en los que se encontraran y cooperaran la universidad, la administración y las empresas. Leydesdorff y Etzkowit llamaron a este modelo, modelo de la triple hélice ( ver la Home page de Leydesdorff) . Con mayor o menor fortuna las universidades públicas europeas impulsaron la creación de parques científicos y tecnológicos para que aglutinaran la investigación, el desarrollo, la transferencia de tecnología al mercado (la innovación) y el emprendimiento. Sin embargo, esta eclosión de parques científicos y tecnológicos estaba relacionada con un tipo de investigación que tenía en cuenta las ciencias físicas, químicas y naturales, así como las ingenierías, pero raramente incluía a las ciencias sociales y a las humanidades. Catalunya, por ejemplo, siguiendo la iniciativa del Parque Científico de Barcelona se especializó en investigación biotecnólogica lo que le permitía conectar el sistema médico-sanitario, la industria farmacéutica, la química, los laboratorios de análisis y otras empresas de servicios con el mundo de la salud.

A principios del 2000 se empezó a tomar consciencia de  de que las industrias culturales podían funcionar como un factor de crecimiento económico y, por lo tanto, del valor estratégico del fomento de la tecnocultura y de las industrias creativas (Ver Hawkes (2001): The fourth pillar of sustainability: culture’s essential role in public planning, La Cultura Como Factor de Innovación Económica y Social o el Manual de la UE para el fomento de la cultura para el desarrollo   . Las nuevas tecnologías han abierto un espacio para la creación de nuevos productos y servicios culturales así como para la renovación de los existentes. Parece, pues, que la tecnocultura es una oportunidad.

El próximo 7 de octubre tendremos ocasión de conocer uno de estos esfuerzos para conectar la investigación en tecnocultura académica con las industrias creativas a través de una iniciativa de la UOC, la Iª  Jornada Doctorat Industrial en Creativitat i Cultura Digital, y comprender mejor este tipo de acontecimientos.

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Especialidades de la Tecnoantropología

(A Iñaki Martin con quien he discutido muchas horas sobre el tema. Algunas ideas que aquí expongo son el producto de nuestras conversaciones)

En general a la Tecnoantropología se la identifica como una especialidad profesional de la Antropología y se la ubica en ámbito de la Antropología Aplicada o Práctica. Esto nos invita a creer que la Tecnoantropología constituye una especialidad coherente y unitaria, aunque, en realidad, la Tecnoantropología adolece, como la misma Antropología, de cierta confusión. La Tecnoantropología puede explicarse como si fuera un sólido platónico, sino más bien como una comunidad de intereses en constante interacción.

Dado que tanto el mundo tecnológico como el mundo cultural son transversales a la experiencia humana, la Tecnoantropología se encuentra en la misma posición de duda en la que se encuentra la Antropología. Podría estar en todo y, por lo tanto, no puede estar en todas partes. Aunque, a diferencia de la Antropología genérica, la Tecnoantropología tiene algo en lo que agarrarse, la cultura material y sus circunstancias. Sin embargo su interés por la tecnología nos lleva a pensar que quizás la Tecnoantropología, en realidad, no sea tanto una especialidad técnica de la Antropología sino una especialidad de la ingeniería social o del diseño cultural. Es decir, sospechar que el origen (o el detonante) de la eclosión de la Tecnoantropología no es la evolución de las ciencias sociales sino la necesidad de expansión de las ingenierías y el diseño en el territorio social en el que se implantan las tecnologías. Los ingenieros y los diseñadores hace mucho tiempo que se han dado cuenta de que las tecnologías y los diseños no sólo deben ser producidas sino también socializadas.

Sin embargo, no acostumbramos a verlo desde esta perspectiva porque aquellos que nos definimos como tecnoantropólogos tenemos la carrera de Antropología. Los antropólogos somos gente que hemos estudiado ciencias sociales y/o humanidades, y ésta es nuestra identidad. De todas maneras, las biografías personales de los tecnantropólogos demuestran que, mayormente, se trata de antropólogos disidentes del grupo mayoritario de la Antropología, de antropólogos situados en las fronteras de la Antropología, de gente que, en realidad, ha aprendido a articular una doble lógica, la de los antropologos-ingenieros y que, desde su nueva idiosincracia, adapta o crea y aplica al mundo de la innovación tecnocultural sus herramientas de antropólogo: la etnografía y otras formas de investigación cualitativa para participar, así, en el proceso de transformación del mundo en el que viven.

Por lo tanto, podría ser que la genealogía de la tecnoantropología debería buscarse en la tradición no de la sofós, sino de la tekné, una tradición compartida por los ingenieros y los diseñadores que proporciona a la Tecnoantropología su anclaje con la realidad profesional , un anclage que, a veces, resulta esquivo a la Antropología general.

Al alinearse con las ingenierías y el mundo del diseño, la Tecnoantropología puede intervenir en distintos momentos del proceso de innovación tecnocultural (o en la llamada cadena de valor de la innovación, o de I+D+i) o bien, centrarse en una tecnología específica para ofrecer algún tipo de servicio al mundo. Para el primer escenario puede consultarse algunos post anteriores de este blog (ver ¿Cómo explicar qué es y qué hace la Tecnoantropología?, Tres Tecnoantropologías, La Tecnoantropología y la innovación tecno-cultural o Tecnoantropología, etnografía y autoetnografía). Para el segundo escenario voy proporcionar una lista de algunas tecnologías que están transformando efectivamente el mundo y en las que inclusión de la dimensión social y cultural puede contribuir a cambiar las cosas. Esta lista no es exhaustiva.

Tecnoantropología y TIC

Habitualmente se menciona a las TIC como uno de los escenarios en los que la Tecnoantropología puede desplegarse y aplicar sus herramientas. Este es uno de los escenarios más habituales en los que trabajan los tecnoantropólogs. Sin embargo, las TIC deben leerse no como una tecnología sino como un conjunto de tecnologías. Más apropiado seria hablar de Internet, de ordenadores y otros dispositivos electrónicos, de aplicaciones o de plataformas, de realidad augmentada, de multiconferencia, de holografías o de simuladores. Estos objetos electrónicos, este programario o estas tecnologías está cambiando la manera de comunicarse, de hacer , de ser, de tener y de pensar el mundo. Es habitual que los tecnoantropólogos participen en la creación de experiencias nuevas y que participen conectando la tecnología con la sociedad, es decir, investigando las experiencias de los usuarios con durante las etapas creativas, la exploración de los prototipos o los usos de las tecnologías en la vida cotidiana de los usuarios, o diseñando proyectos que impliquen la coordinación de varios agentes para impulsar proyectos tecnoculturales.

Como la Tecnoantropología, las TIC son transversales. No son un sector industrial más, deberían considerarse un metasector, un sector de sectores, un sector sectorizador. Un sector que se une a otros sectores y, a través de esta unión, crea hibridaciones nuevas que cambian la manera de hacer, de percibir y de conocer el mundo.

Tecnoantropología y tecnología de la replicación (3D)

Dado que las nuevas tecnologías pretenden introducirse en la sociedad, mientras haya I+D+i los tecnoantropólogos siempre tendrán oportunidades de investigar los procesos de cambio propiciados por la introducción de los nuevos objetos tecnoculturales o de participar activamente en el diseño de sistemas tecnosociales en los que los objetos tecnoculturales adquieren valor. Por ejemplo, diseñando un sistema de relaciones socio-económicas a partir de la introducción de impresoras 3D en una comunidad, lo que crea un ecosistema tecno-cultural y social en el que la introducción de estos objetos da lugar a la creación de relaciones entre productores y proveedores que crean nuevas oportunidades de producción y consumo y, un ciclo de trabajo, servicio y enriquecimiento de la comunidad. En este tipo de proyectos la Tecnoantropología participa no solo explorando los usos de la impresión 3D, sino, diseñando ecosistemas tecnoculturales, creando relaciones y significados, y proporcionando experiencias y nuevas dinámicas tecnoculturales a partir del usos de nuevos objetos tecnológicos.

El mundo de la impresión en 3D se basa en una revolución conceptual, en la substitución del proceso de fabricación por piezas y posterior montaje por el de la replicación mediante impresión. Además de objetos de difícil creación por medios mecánicos o moldes ya se estan imprimiendo muchas cosas, desde bombones, piezas de todo tipo y figuras impossibles, hasta coches, y edificios. Parece que ni el tamaño, ni la complejidad, ni el tipo de material es un problema. Los nanomateriales, por ejemplo, proporcionan soluciones que antes no eran viables como imprimir la cubierta de un estadio con materiales que pesan un 0,3% de lo que hubieran pesado originalmente.

La tecnología de la replicación ya hace unos que empezó a revolucionar el sistema industrial. Para la Tecnoantropología, además de explorar los usos de estas tecnologías, hay una interesante tarea prospectiva por hacer, ¿como podría ser un mundo en el que la producción no sea lograda por ensamblaje de piezas moldeadas o torneadas sino por impresión? ¿Qué sucederá en los hogares, los talleres y las fábricas a medida que se perfeccione este tipo de impresiones y mejore su funcionalidad y prestaciones? ¿Qué sucederá cuando el común de las personas tengan acceso a esta tecnología y la empleen para las reparaciones de sus objetos personales? ¿Qué harán con ella? ¿Qué sucederá con las relaciones de dependencia con el sistema de producción y mantenimiento, o de consumo? Todo esto debe estudiarse y evaluarse y, para ello, son necesarios espacios de investigación.

Desde muy temprano la Tecnoantropología ha destacado la necesidad de crear estos espacios específicos a los que ha llamado living labs (¿Qué son los Living Labs?) y de metodologías para la observación de las conductas y los pensamientos en situaciones de vida cotidiana, profesional o recreativa. Aquí los tecnoantropólogos se encargan de diseñar y dinamizar estos espacios de investigación desde los que se informa de las percepciones, usos reales o imaginarios relacionados con estas novedades tecnológicas. Mientras que la tecnología abre nuevas posibilidades, alguien tiene que imaginar o ayudar a imaginar usos de estas tecnologías.

Tecnoantropología y nuevos materiales

¿Qué se podría hacer con el grafeno? ¿O con la fibra óptica aplicada al textil o a la arquitectura? El grafeno es un nuevo material tan sumamanete resistente y, a la vez, tan sumamente ligero que desafía nuestra experiencia. ¿Cómo podría ser un mundo en el que objetos tradicionalmente pesados han sido substituidos por objetos de grafeno? ¿Como seria una casa, un coche o una bicicleta de grafeno? ¿Cómo cambia las constricciones tradicionales del mundo de la arquitectura, de la industria aeroespacial o de la ingeniería naval? ¿Cómo podría cambiar las cosas, por ejemplo, la materia inteligente aplicada a la robótica? Hay ideas originadas en la ciencia ficción  que se convierten en retos del sistema de I+D real.  ¿Qué sucederá en la industria alimentaria y con los hábitos del consumidor, o las percepciones de la sociedad cuando el replicador de comida de la Next Generation de Star Trek sea una tecnología común? ¿O cuando los hologramas de la holocubierta de la Next Generation permitan crear simulaciones sólidas inteligentes?

Todo esto hay que ir imaginándolo y probandolo pero no sólo técnicamente desde el punto de vista ingeniero (el como funciona) sino social y cultural (el como se usa desde el punto de vista de los usuarios y los científicos sociales). Dado que los proyectos de cambio son cambios tecnoculturales, ahí donde haya un proyecto tecnológico debe haber un proyecto social y cultural. Las innovaciones son proyectos tecnoculturales (ver La Tecnoantropología y la innovación tecno-cultural)

Tecnoantropología y el mundo smart

El fenómeno de las smart cities, regions, island o countries, los smart buidings, houses o hotels, los smart cars o cualquier tipo de objeto “inteligente” que genera información digital y la transmiten a través de Internet (la Internet de los Objetos) abre un abanico de posibilidades a la Tecnoantropología. ¿Como se vive en lugares así? Vivir en un espacio rodeado de beacons, sensores o emisores de radiofrecuencia entre otros cacharros conectados a Internet y cuya información emitida se procesa mediante máquinas capaces de manejar grandes cantidades de información (ahora llamada big data para los ordenadores cuánticos) cambian el tipo de conocimientos que tenemos acerca del funcionamiento de la ciudad u otro ente inteligente. Una ciudad que puede “pensarse” a si misma porque está toda ella conectada a Internet o en la que las farolas informan en tiempo real de lo que está sucediendo a las alcantarillas de la ciudad, su red eléctrica, de  suministro de gas, de telecomunicaciones, la circulación, los aparcamientos, el tráfico, los accidentes, los problemas de seguridad, el estado de las vías publicas, de los parques y jardines, el estado de los contenedores, la circulación de los transportes públicas, la relación con el ciudadano, etc. es una ciudad “inteligente”. Esta inteligencia sirve tanto para mejorar la planificación y la gestión eficiente de la ciudad como para incrementar la calidad de vida o la seguridad del ciudadano. Pero, ¿cómo se vive en una ciudad inteligente? ¿Como se aprende a ser un ciudadano conectado a una ciudad inteligente? ¿Y si alguien no quiere? ¿Será el dispositivo móvil el instrumento que utilizaremos para interaccionar con la ciudad inteligente? Técnicamente tanto el mundo como las ciudades “inteligentes” tienen un largo recorrido por delante, de tecnificar la sociedad y de socializar la tecnología.

Tecnoantropología y robótica

Otra ámbito de sumo interés para la Tecnoantropología es el mundo de la robótica, especialmente el de la robótica humanoide. Aquí hay varios temas de interés tecnocultural. Por ejemplo el de la convivencia con los robots en la vida cotidiana de las personas, y el de la inteligenbcia artificial. Para conocer estas reacciones y tenerlas en cuenta para la democratización de nuevos seres dotados de inteligencia y movimiento articular, los tecnoantropólogos tienen muchos deberes por hacer. Deberían ser los primeros en aprender a convivir con los robots humanoides e informar de como se construye esta convivencia y qué nuevas experiencias nacen de ella. En estos ámbitos hay magníficas etnografías aplicadas por hacer sobre experiencias fascinantes. La convivencia con robots humanoides hace tiempo que ha dejado de ser ciencia ficción. Los robots humanoides proliferan como maestros, acompañantes, cuidadores, médicos, cirujanos e informadores, interpretes musicales, jugadores de balonpié, militares, bailarinas, o actrices.

Tecnoantropología y cibercuerpos

Otro ámbito no menos trascedente por sus implicaciones biotecnoculturales es el de los ciborgs o la interacción entre cuerpos humanos y tecnología. Aquí no se trata sólo de las prótesis tecnológicas que restituyen al cuerpo humano su apariencia antes de un accidente. Sino de prótesis para incrementar la movilidad, las sensaciones o las percepciones humanas más allá de sus atributos naturales. Tanto la biotecnología como la manipulación genética como la bioimpresión o la substitución (o añadido) de prótesis tecnológicas al cuerpo humano plantea una nueva presencia en la sociedad, la de la comunidad de los cibercuerpos o los ciberorganismos (ciborg). ¿Cómo serán los humanos aumentados o alterados genéticamente? ¿Y los que incorporen implantes tecnológicos en sus cuerpos para mejorar sus funciones naturales como sucede con la vista, la oído o el olfato? Alguien tendrá que estudiar estar novedades en el género humano y valorarlas, ver qué sucede cuando los ciborgs convivan con otras personas. Aquí la Tecnoantropología con sus técnicas etnográficas tiene muchas situaciones que documentar y mucho material sobre el que reflexionar. La vida en el espacio, por ejemplo, dependerá no sólo de proteger el cuerpo humano de la radiación, de los efectos de la ausencia de la gravedad, la hibernación prolongada o los viajes de larga duración, sino de la adaptación del cuerpo humano a los viajes espaciales.

Antropología y Tecnoantropología

Hay otras posibilidades para la Tecnoantropología, para identificarlas hay que estar atentos a las innovaciones tecnológicas e interrogarse sobre su impacto socio-cultural. En el pasado, la Antropología buscó la diferencia en el pasado y en la lejanía geográfica. En el presente, la Tecnoantropología encuentra las diferencias en las límites de la propia sociedad y cultura, justo ahí donde la imaginación tecnocultural empieza a cristalizar, ahí donde la ciencia ficción deja de ser ficción y empieza a proporcionar las primeras manifestaciones de realidad. Estos territorios fronterizos del tiempo poblados por comunidades de científicos y tecnólogos creativos, emprendedores, visionarios e idealistas varios, atraen a los tecnoantropólogos como antaño las comunidades tradicionales atraían a los antropólogos.

Tecnoantropología, etnografía y autoetnografía

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Si una de las bases de la etnografía es la observación participante en comunidades y sociedades distintas a las que pertenecen los investigadores, pero la tecnoantropología se aplica el mundo de la Investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) contemporánea al que ellos mismos pertenecen, entonces, los tecnoantropólogos, al hacer etnografía en comunidades tecnoculturales e innovadoras en su propia sociedad y en la que ya participan y con la que se implican, resulta que, en realidad, no sólo están haciendo etnografía sino implicación auto-observada, es decir autoetnografía, descubrimiento y transformación. Por sus implicaciones esto merece una reflexión.

La tecnoantropología plantea un dilema a la antropología clásica no solo de forma sino también de fondo. Tanto la antropología cultural norteamericana como la antropología social británica o la etnologie francesa nacieron como disciplinas especializadas en comprender y explicar a los otros. El valor que aportaba esta especialidad a los intereses de la sociedad industrial moderna dependía de los proyectos militares, económicos, políticos, sociales, culturales o recreativos en los que la variedad de antropólogos y antropólogas se implicaban profesional o académicamente. La etnografía que acompañaba esta antropología desarrolló unos debates que han perdurado hasta el presente. ¿Cuál debía ser la postura ante las sociedades tradicionales? ¿Había que observarlas sin “contaminarlas” y mantenerlas “puras” o había que contribuir a su desarrollo? ¿Y si se contribuía a su desarrollo, debía hacerse desde dentro de la comunidad ayudando a los perfiles más modernizadores, como en la Investigación Acción, o desde fuera imponiendo nuevas estructuras, conductas y conceptos? Las distintas posturas ante el fenómeno del cambio garantizaba la diatriba entre idealistas y pragmáticos o entre tradicionalistas y modernizadores.

Sin embargo, la tecnoantropología, al igual que las nuevas antropologías hechas por aquellos que antaño hubieran sido llamados indígenas, nativos o aborígenes surge de la propia sociedad objeto de estudio y, cuando observa las comunidades que le rodean, resulta que se está observando a sí mismas. Estos nuevos antropólogos y antropólogas son a la vez sujetos y objetos de estudio, son simultáneamente “ellos” y los “otros”. Cuando observan a los “otros” se están observando a sí mismos. Y cuando los describen no pueden evitar describirse a sí mismos. Es decir, sus etnografías son autoetnografías, son relatos implicados. Pero no en el solipsismo postmoderno de El otro por sí mismo (Baudrillard) sino de que el otro se ve a sí mismo porque realmente esta interpretando la misma cultura de la que procede y por lo tanto, lo que está proyectando en el otro tiene mucha más empatía que si perteneciera a una cultura realmente aliena a la suya.

En este punto la antropología clásica y de cuño positivista tiene una “solución”: prohibido hacer trabajo de campo en las comunidades a las que se pertenece. Esta condición de la antropología decimonónica no es aceptable per muchos motivos. Entre ellos porque insiste en un cientificismo y una presunta objetividad que Clifford Geertz desmitificó en Works and lives. The anthropologist as author (1988) y otros autores han descalificado desde una antropología postmoderna, la postcolonial y la crítica. Por lo tanto, la única solución de continuidad para una antropología contemporánea que busque el encage y anclaje en la propia sociedad es asumir su subjetividad de una manera optimista y con finalidades prácticas. En consecuencia, su objetivo es tratar de domesticar y sistematizar aquella subjetividad que durante un tiempo fue estigmatizada como “pecado” científico y que ahora se convierte en una esperanza para el conocimiento. Tanto la antropología hecha por los indígenas formados como antropólogos en las universidades como la tecnoantropología son antropologías fundamentalmente autoetnográficas y deberían reconocer y poder ofrecer como producto una subjetividad practica.

Sin embargo, la noción de subjetividad práctica tiene una antípoda, una subjetividad excesivamente intimista y descriptiva. En el mundo de las autoetnografías esta dicotomía se presenta con los términos autoetnografías analíticas (Leon Anderson) y autoetnografías evocativas (Carolyn Ellis y Arthur B. Buchner). Las autoetnografías evocativas continúan la tradición de la etnografía académica mientras que la tecnoantropología, como especialidad profesional, emplea autoetnografías analíticas y prácticas, así como autoetnografías colaborativas que se luego se contrastan entre los colaboradores. Cuando la autoexploración es dirigida, sistemática y crítica, y, además, tiene un componente de contraste colectivo, la fragilidad de una subjetividad individual se consolida en el grupo y da lugar a un conocimiento colectivo emergente, un conocimiento surgido del tanteo y el diálogo entre experiencias distintas que se inspiran unas a otras y cooperan para enriquecer sus percepciones.

En trabajos de tecnoantropología dedicados a conocer las experiencias de los usuarios esta fórmula metodológica resulta excepcionalmente útil. Los investigadores no sólo investigan sino que se implican como usuarios y actúan como usuarios-investigadores o investigadores-usuarios incluso investigadores-usuarios-consultores. Cada investigador tiene sus experiencias como usuario, pero, como investigador, documenta su experiencia y, como consultor, analiza tales experiencias sabiendo que tiene que presentar un informe final práctico. Al sumar las experiencias de los distintos investigadores se completan las tipologías generadas individualmente por cada investigador, se suman las ideas, se enriquecen los conceptos y los patrones identificados, las percepciones y las interpretaciones. Si la experiencia de las autoetnografías colaborativas se contrasta con las de usuarios no especializados recopiladas mediante otras técnicas de interrogación y observación, entonces, se confirman o refutan los resultados procedentes de las autoetnografías de los usuarios-investigadores, y se validan o se procede a enriquecer los resultados de la investigación.

Sobre autoetnografías prácticas puede consultarse:

Anderson, Leon (2006). “Analytic autoethnography” en Journal of Contemporary Ethnography, vol. 35, nº 4, pp. 373-395, disponible en https://cidocstudents2012.wikispaces.com/file/view/Anderson–Analytic+Autoethnography.pdf
Colobrans, Jordi (2013) “Autoetnografías aplicadas al mundo de la innovación. Usos de las autoetnografías analíticas en la exploración de plataformas informáticas, programas de formación innovadores e investigación de mercados”. En Actas del XI Congreso Español de Sociología. FES, Universidad Complutense de Madrid, 10-12 julio en http://www.fes-web.org/uploads/files/modules/congress/11/papers/386.pdf
Chang, Heewon (2008). Autoethnography as method, Left Coast Press, Walnut Creek, CA
Chang, Heewon; Ngunjiri, Faith, Wambura; Hernandez, Kathy-Ann C. (2013). Collaborative Autoethnography, Left Coast Press, Walnut Creek, CA

Taller de Tecnoantropología y eSalud. Nuevas Tecnologías para fomentar la movilidad entre la gente de edad

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FITXA TÈCNICA

Organitza: ACPA (Associació Catalana de Professionals de l’Antropologia)
Organismes participants: Livinglabing, i2Health Sant Pau, Projecte Com’on (Coopenhaguen LivingLab)
Lloc d’impartició: Barcelona, i2Healh-Sant Pau (Hospital de Sant Pau)
Títol: Certificant d’Assistant Research del projecte Com’on
Orientació: Taller de formació-professionalització
Durada del taller: Octubre-Novembre (semi-presencial)
Núm. places: Màxim 20
Requisits d’admisió: Graduats i estudiants universitaris
Requisits específics: SmartPhone tipus Android (Preferiblement un Samsung o que tingui una pantalla de 4,3’)

Más información

Tecnoantropología y Etnografía Rápida

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Los antropólogos hacen su trabajo de campo fundamentalmente utilizando técnicas etnográficas y cualitativas. El valor que aporta la etnografía es la presencia del investigador en el lugar y entre las personas que estudia. Por lo tanto, la etnografía permite el conocimiento de los fenómenos sociales y culturales a partir de la experiencia del investigador en el contexto en el que se producen tales fenómenos. La proximidad del investigador, la participación en el contexto y el intercambio con las personas y los objetos investigados proporcionan al etnógrafo una perspectiva característica. Conoce de primera voz y vive experiencias en primera persona.

Tradicionalmente la etnografía se empleó para el conocimiento de las culturas tradicionales, sin embargo, pronto se descubrieron sus bondades para el conocimiento de las culturas tecnológicamente desarrolladas. A partir de los años 80s hemos asistido a un creciente interés por la etnografía desde el mundo de las organizaciones, del diseño, de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (Las TIC), de la comunicación y la publicidad, del marketing y de los proyectos de innovación tecnocultural.

Sin embargo, la creciente demanda de informes etnográficos en el mundo de los negocios y del comercio así como en el mundo del diseño y desarrollo de nuevos productos y servicios está exigiendo a la etnografía una diligencia y formatos prácticos a la que no estaba acostumbrada. Históricamente, el trabajo de campo de los antropólogos requería una dedicación larga y prolongada. Incluso en la actualidad, desde el punto de vista académico, un trabajo de campo inferior a 6 de meses es visto con cierto recelo. Lo esperado por la comunidad de los antropólogos es que un trabajo de campo ocupe por lo menos dos o más años de la vida del investigador. Esta temporalidad académica resulta excesiva e incompatible con los tiempos y ritmos de los proyectos de I+D+i. La consecuencia ha sido que los diseñadores, los desarrolladores de software, los comunicólogos, los publicistas y, entre otros, los profesionales del marketing han desarrollado su propia etnografía funcional para satisfacer sus propias necesidades al margen de la etnografía académica, lo que ha dado lugar a una etnografía rápida, “exprés” o de “guerrilla”.

El fenómeno de la etnografía rápida, pues, con su aporte de foco y especificidad al trabajo etnográfico tradicional generalista y prolongado ha sido una manera de abrir (o liberar, o adaptar) la etnografía del entorno académico para aprovechar mejor su valor en el ciclo de la producción y el consumo. Para poder ser de utilidad al mundo de las empresas, las instituciones o a las entidades sociales y organizaciones no gubernamentales, la experiencia profesional demuestra que, con frecuencia, los informes etnográficos deben poder presentarse en semanas, a los sumo tres meses.

Sin embargo, la “rapidez” de estas nuevas formas funcionales de etnografía aplicada no deben asociarse a perdida de calidad. Más bien, todo lo contrario. Cuando los objetivos son funcionales y la demanda de información y conocimiento es concreta, se puede hacer una etnografía rápida en muy poco tiempo y dar respuestas muy precisas y satisfactorias para el cliente. Un equipo de antropólogos profesionales puede recopilar mucha información en muy poco tiempo. Por ejemplo, en el caso del proyecto de CultHunting liderado por aPortada, un grupo de cuatro antropólogos hizo una intervención durante una semana en una empresa de perfumes y productos de belleza y el informe sirvió para diseñar un programa de actividades sociales y culturales en la empresa orientado a la mejora del clima laboral y el dinamismo de la cultura organizativa (ver colaboración en el proyecto CultHunting). En el ámbito de la exploración de los objetos tecnológicos por parte de los usuarios, algunas etnografías llegan a realizarse en unas pocas horas o semanas, suficientes para identificar errores, necesidades, propuestas o perspectivas distintas (ver proyecto de música distribuida, proyecto de La Carpeta Personal de Salud, el de LivingLab4Careers o del rediseño del mando a distancia del televisor). En el ámbito de la creatividad puede verse el proyecto ¿Qué harías con un botón?), o en el de la innovación social (ver proyecto sobre cómo cambiar el sistema catalán de empleo), o de la creación de plataformas para eLearning a través de autoetnografías aplicadas (ver proyecto de Sefed Online) o de cambios en la oferta de servicios museísticos (ver proyecto de Arts Combinatòries) realizados mediante colaboraciones con el Citilab y la Fundación I2CAT

Un caso muy ejemplar de etnografía y autoetnografía rápida es un proyecto que tuvo lugar entre mayo y junio de 2014 liderado por Market ADD y Livinglabing para el Ayuntamiento de Barcelona dedicado a proporcionar bases conceptuales para la renovación de la web de la ciudad de Barcelona. En este proyecto se aplicaron varias técnicas etnográficas y cualitativas que permitieron recopilar grandes cantidades de información en muy poco tiempo y de manera distribuida. Por ejemplo, para conocer las necesidades de información de los ciudadanos, para explorar los conceptos de Barcelona, Barrio, Distrito y Ayuntamiento, para conocer las experiencias de los usuarios en el manejo de la web de Barcelona o para documentar sus estrategias de búsqueda y sus emociones y pensamientos durante el proceso de búsqueda. En este proyecto trabajó un equipo de 8 antropólogos durante un mes y medio. El proyecto empezó con un Taller de Autoetnografís Analíticas que se realizó a través del ACPA (Asociación Catalana de Profesionales de la Antropología) seguido de un contrato de trabajo para el proyecto con los participantes.

La etnografía rápida, pues, es una manera efectiva de introducir la investigación etnográfica en la cadena de valor la innovación y dar trabajo a las nuevas generaciones de antropólogos profesionales. Los informes etnográficos son un producto que pueden ofrecer tecnoantropólogos, antropólogos y todos aquellos que desarrollen habilidades y competencias para la etnografía y la investigación cualitativa profesional.

Ver bibliografia sobre etnografia rápida (Quick Ethnography) y aplicaciones de la etnografia al marketing