¿Qué se puede hacer con un living lab? 

qsphcll

A propósito de una conversación con Gemma, del Ayuntamiento de Gavà


¿Qué se puede hacer con un living lab?

Un living lab es un concepto, una metodología y un espacio relacionado con el mundo de la investigación que promueve una manera de hacer y de pensar el fenómeno de la innovación. Los living labs se emplean para añadir valor al proceso de innovación.

En su sentido original depende de tres condiciones fundamentales: 1) Tiene que ver con la estrategia (competitiva o solidaria) de la innovación abierta, 2) con la aproximación metodológica de la innovación (o el diseño) centrado en los usuarios, los ciudadanos o las personas, y 3) con la creación de un espacio de pensamiento y acción transversal que reúne a los distintos agentes que participan en un ecosistema socio-económico y tecno-cultural. Es decir, la expresión living lab va acompañada de una manera particular de entender y trabajar el fenómeno de la innovación: una innovación abierta, centrada en las personas, sistémica y transversal. Abierta para poder incluir a los usuarios y otros agentes en el proceso de investigación y diseño del producto o servicio, y sistémica y transversal para poder coordinar los intereses de los agentes implicados.


Abierta y con los usuarios ¿Por qué innovar de manera abierta y centrándose en las personas?

Originalmente, los living labs surgen en un momento en el que la oferta de productos supera la demanda y las empresas tienen que adaptar sus estrategias de mercado y empezar a competir en innovación y calidad de producto (situémonos en la década de los 70s y los 80s, el momento en el cual se empieza a hablar de una sociedad post-industrial y de la emergencia de la sociedad de la información). ‘Innovar’, aquí, significa la capacidad para ofrecer nuevos productos a la curiosidad del consumidor y ‘calidad del producto’ debe interpretarse como la posibilidad de satisfacer y fidelizar el consumidor a través de la reputación de un producto o marca. Pero, para innovar, hacen falta ideas y, para mejorar la calidad de un producto, se necesita información sobre la experiencia de sus usuarios que lo van a utilizar en sus circunstancias particulares. 

En ambos casos, algunas empresas se dan cuenta de que el tradicional secretismo inherente al mundo industrial y a su sistema de patentes necesita una revisión o, por lo menos, cierta flexibilidad o ‘apertura’. Mantener un producto en secreto hasta el momento de introducirlo en el mercado como había sido habitual en los momentos en los que la oferta era inferior a la demanda, resultaba demasiado arriesgado en un mercado donde los consumidores fácilmente podían elegir otros productos, los de la competencia. Por lo tanto, algunos exploraron de qué maneras podían disminuir los riesgos de fracaso de los productos en el mercado. Una de las soluciones que encontraron fue ‘abriendo’ un poco la investigación de producto (o servicio) a los potenciales consumidores, y renunciando un poco al genio de los inventores y diseñadores para adaptarlos a las necesidades reales de los consumidores. Este giro social en la estrategia de investigación de producto permitía socializar el nuevo producto antes de lanzarlo al mercado. En esta ecuación, si los usuarios o potenciales consumidores podían compartir sus experiencias con una idea, concepto, prototipo o diseño de un producto, los promotores del proyecto aún estarían a tiempo de corregir y re-diseñar el producto para que encajara mejor con los requerimientos del futuro mercado y, así, disminuir los riesgos de rechazo. De esta manera, al explorar las experiencias de los usuarios en el proceso de I+D del producto se podían detectar sus puntos débiles y se tenía tiempo de adaptar el producto teniendo en cuenta los usos reales en la relaciones cotidiana con los objetos o los servicios. A esto se le llamó innovación abierta (Open Innovation) e innovación (o diseño) centrado en los usuarios (o las personas) (People Centred Innovation, User Centred Desgin).

¿En qué pensamos cuando hablamos de emprendimiento?

Emprenedores

A propósito de un debate sobre la tipificación de la cultura emprendedora

Las narrativas sobre el emprendimiento llevan años popularizándose y parece que, en los momentos de crisis, es una solución a la dificultad de encontrar trabajo. Esta narrativa postula que el trabajo puede ser inventado. Pero ¿en qué se está pensando cuando se habla de emprendimiento

Se habla de emprendimiento [en los negocios] en general, y de emprendimiento científico, tecnológico, social o cultural en particular. En cualquier caso, el hilo conductor es siempre el mismo. Alguien, con alguna idea, toma la iniciativa de llevarla a cabo y convertirla en un bien que introduce en el mercado (la innovación científicos-tecnológica), en la sociedad (cuando se habla de innovación social) o en algún tipo de proceso organizativo. Pero fijémonos que, en ingeniería, a los innovadores se les llama inventores. En ciencia, descubridores. A los artistas y a los diseñadores se les supone la creatividad por lo tanto, a nadie sorprende que se les llame creadores. En política, a los innovadores se les llama líderes o revolucionarios. Y, en la sociedad, los innovadores reciben el nombre de líderes sociales, aunque, a la hora de la verdad, no queda demasiado clara la diferencia entre lo que debería ser un líder social y un líder político. ¿Acaso con la expresión líder social se pretende designar a aquellas personas que se implican más con la comunidad y la proximidad que los líderes políticos que piensan más en términos de sociedad o estado? Pero, entonces ¿qué sucede cuando, por alguna razón, el impacto del líder social vas más allá de la comunidad original y se convierte en un movimiento social, o el líder político dedica su esfuerzo a la política de proximidad? La discusión queda abierta. Por otro lado, desde los años 90 la universidad como sector institucional está predicando su compromiso con la tercera misión (la creación de riqueza) y habla de científicos que se convierten en empresarios y les ofrece espacios como los parques científicos y tecnológicos. En economía, la palabra que designa a este tipo de gente con iniciativa es emprendedores. Por lo tanto, debemos ser conscientes de que al emplear el término emprendedor estamos aceptando el trasfondo económico de esta actividad.

Dicho esto, y sabiendo que cuando hablamos de emprendimiento estamos manejando una concepción económica del mundo, resulta que cuando se habla de emprendimiento en distintos contextos (comercio, investigación, administración, comunidad, sociedad, industria, etc), el significado de la expresión no siempre es el mismo. Si nos aproximamos al término podremos distinguir varios significados. Por lo menos diez. Este post intenta contribuir a clarificar el campo semántico de este término:


1. Científicos emprendedores (o empresarios-científicos). Por ejemplo, aquél estudiante de doctorado que durante su investigación para acceder al grado de doctor crea una molécula cuyas propiedades tienen interés farmacéutico. Este investigador patenta su descubrimiento, crea una startup, se convierte en empresario (científico) y produce un producto que vende a una farmacéutica. Lo habitual es que esta persona y el equipo de trabajo que crea a su alrededor se ubique en los primeros años de su actividad económica en una incubadora en el parque científico de la universidad en la que ha estado investigando. Este perfil y este modelo se aplica tanto a la biología, como a la química a la física y otras ciencias. El descubrimiento puede ser un nuevo material, una nueva célula sintética o una nueva manera de manejar los fotones o aplicar los plasmas.

2. Emprendedores tecnológicos. Si los emprendedores científicos están asociados a las carreras de ciencias, los emprendedores tecnológicos lo están a las universidades politécnicas. Sus innovaciones son lenguajes de programación, aplicaciones y plataformas en el caso de las ingenierías de software o de nuevos productos electrónicos, como en el de las ingenierías de hardware. Sus formatos empresariales iniciales son las spinoffs . Ejemplos de spinoffs pueden ser empresas dedicadas a la robótica y a la inteligencia artificial. En este caso, su lugar también son los parques científicos y tecnológicos.


Sin embargo, no hay parques sociales, ni parques artístico-culturales, ni parques comerciales. Estas infraestructuras no existen desde la universidad aunque, en algunos casos, los parques científicos den cierto cobijo a algunas de ellas. Las infraestructuras hay que buscarlas en los espacios de co-working, en fábricas de creación, en centros de conocimientos, en telecentros o simplemente en polígonos industriales o bloques de oficinas comerciales.

Con la expresión emprendimiento social se identifican todas aquellas iniciativas que buscan un balance entre lo social y lo económico y, por lo tanto, su fin no es el lucro individual (o de un grupo inversor que busca la rentabilidad) sino la cohesión social y la calidad de vida. En el emprendimiento social, como en el mundo cooperativo, la empresa es el instrumento que utiliza la sociedad para financiar un proyecto de interés social. Sin embargo, dentro del mundo de la innovación social con frecuencia hallamos proyectos por lo menos de tres tipos:


3. Emprendedores solidarios. Este seria el tipo de emprendimiento social más genuino. Una persona o un grupo de personas se movilizan para dar respuestas a unas necesidades sociales de manera nueva. Por ejemplo, utilizando la red de Internet para generar y distribuir conocimiento y crear una comunidad que resuelva problemas sociales como la integración, el cuidado de personas mayores, la atención a los más necesitados, a las víctimas de la violencia doméstica, el acceso a la comida, a la energía, etc.

4. Emprendedores económicos con compromiso social. Estos emprendedores son una variante de la anterior con la salvedad de que su proyecto está orientado a obtener un lucro moderado o sostenible. En estos casos, el compromiso social es un valor que se añade al proyecto económico, y lo económico un valor que se añade a lo social. Es, pues, una iniciativa empresarial compartida con una iniciativa social y dirigida a un nuevo sector, el social. En los casos extremos, lo social se utiliza como argumento de venta o para fidelizar a una comunidad de consumidores. Por ejemplo en los productos de marca solidaria. Sin embargo, en general, la contraprestación social de la actividad económica es visible, por ejemplo en un proyecto de comedores solidarios de una cadena de restaurantes de lujo.

5. Emprendedores socioeconómicos. En este caso, los emprendedores son un grupo de comerciantes apoyados por algún tipo de asociación de comerciantes o por algún programa de promoción económica de las administraciones locales, regionales o de alguna política de clústers territoriales que generan entornos (o ecosistemas) de producción, trabajo y consumo, o de ONGs o asociaciones. Son iniciativas transversales que tratan de promocionar y dinamizar territorios o comunidades conscientes de que su prosperidad o sostenibilidad es el resultado de la harmonía entre sus recursos económicos y sociales. Por ejemplo, un plan de promoción turística de una comarca que implique rutas y actividades culturales con desplazamientos, alojamientos, gastronomía con productos locales, contando con los profesionales, la red de servicios y las industrias locales, o un proyecto de comercio justo con comunidades indígenas.


Otro subgrupo de emprendedores son los que tienen que ver com la industria y las empresas


6. Emprendedores de negocios. Se trata de personas o grupos inversores que emplean su capital con la perspectiva de rentabilizarlo. Invierten en bienes y servicios y esperan obtener algo con su esfuerzo. Estos grupos asumen los riesgos de su inversión aunque, a veces, lleguen a pactos con las instituciones locales para que les den determinadas garantías para consolidar el proyecto a cambio de generar empleo. De esta manera disminuyen sus riesgos a la vez que generan dinamismo económico en la zona en la que se ubican.

7. Emprendedor industriales. Como en el caso anterior, una persona o grupo invierte en algún tipo de tecnología. Por ejemplo, en la fabricación de impresoras en 3D y, a su alrededor crean un ecosistema de proveedores, comercializadores, distribuidores, comunicadores, formadores, etc. que inciden en la economía y prosperidad de un territorio. Estos emprendedores generalmente se ubican en polígonos industriales.


Y otro subgrupo de emprendedores aquellos que estan relacionados con el trabajo y la profesión


8. Funcionarios emprendedores. El fenómeno de la administración innovadora es relativamente nuevo. Surge en el contexto de las crisis, los recortes, la falta de liderazgo político (o confusión política), la presión social generada por las contradicciones entre las palabras y los hechos y de la responsabilidad de los funcionarios más inquietos y sensibles. A partir de ahí surgen movimientos dentro de la administración que tratan de optimizar los recursos, y de renovar procesos administrativos obsoletos o desfasados, innecesariamente complicados o penosos para el ciudadano al cual se supone que la administración está ofreciendo un servicio

9. Trabajadores emprendedores (imprendedor o intraemprendedor). El caso de los trabajadores emprendedores plantea una situación paradójica. Se da cuando los trabajadores son más conscientes de los cambios en el entorno que el propio empresario y son ellos quienes advierten al empresario de qué cosas deberían cambiar en la empresa. La narrativa del trabajador emprendedor surge de la narrativa del trabajador proactivo. Y, el trabajador proactivo, es la reacción de algunas organizaciones que han reducido la cadena de mando hasta tal extremo que sobre los trabajadores han recaído responsabilidades que anteriormente eran propias de los jefes a los que ahora han despedido. De esta manera, por decirlo en pocas palabras, se tienen trabajadores con iniciativa de cuadros medios y superiores pero a precio de trabajadores. En una empresa cooperativa esta manera de funcionar tiene un sentido distinto al de una empresa capitalista dado que la distancia salarial y el grado de implicación con la propiedad de la empresa es muy distinto. Es decir, no debe confundirse la democracia industrial y la participación en una empresa responsable con la explotación del capital social y cultural de los trabajadores.

10. Profesionales emprendedores. De alguna manera, los profesionales siempre han sido emprendedores. Los profesionales tienden a crear su propio negocio. Son autónomos o pequeñas empresas o redes de freelances que cooperan en proyectos comunes. Esto no significa que siempre hayan sido innovadores, aunque, la innovación continuamente ha sido para ellos un estímulo para diferenciarse de la competencia y ofrecer más por menos a sus usuarios o clientes.


Desde luego se pueden hacer otras tipificaciones del fenómeno del emprendimiento. Ánimo con ellas!